Santiago Bilinkis: del amor al desencanto por el uso de la tecnología

José Del Rio (LA NACION), junto a Santiago Bilinkis, emprendedor y tecnólogo Crédito: Fabián Malavolta Para mejorar la relación con la innovación hay que entender más cómo funcionan los algoritmos, propone el especialista El último libro del emprendedor y tecnólogo Santiago Bilinkis nació a partir de un desencanto. José Del Rio, secretario general de Redacción…

Santiago Bilinkis: del amor al desencanto por el uso de la tecnología

José Del Rio (LA NACION), junto a Santiago Bilinkis, emprendedor y tecnólogo Crédito: Fabián Malavolta

Para mejorar la relación con la innovación hay que entender más cómo funcionan los algoritmos, propone el especialista

El último libro del emprendedor y tecnólogo Santiago Bilinkis nació a partir de un desencanto. José Del Rio, secretario general de Redacción del diario, fue quien lo invitó a hablar del detrás de escena del proceso de escritura de
Guía para sobrevivir al presente, su última publicación.

Bilinkis contó que en 2008 llegó por primera vez a Silicon Valley y en 2010 a Singularity University (una institución educativa en la meca tecnológica) y dijo que en ese momento se terminó de enamorar del ecosistema tecnológico, al que definió como “una nueva manera de entender el capitalismo y la integración de las empresas como sociedad”.

“Los últimos años fueron un desencanto muy grande, porque me fui encontrando con que, apalancadas en las nuevas tecnologías y la inteligencia artificial, surgen corporaciones que abusan de usuarios y consumidores a partir de la asimetría de la información que existe entre quienes diseñan las plataformas y quienes las usamos”, describió, y dijo que, sin darse cuenta, los seres humanos hoy están expuestos a un mecanismo de manipulación de masas a través de las redes sociales.

Ante la pregunta de Del Rio sobre si “vale todo” al momento de aplicar las nuevas tecnologías, Bilinkis contó que, en su paso por Singularity University, la inteligencia artificial se imponía como la vanguardia tecnológica y el avance que iba a cambiarlo todo. “Pero, mirándolo ahora, casi diez años después, veo que estamos usando la tecnología más poderosa que existe, que es la inteligencia artificial, para que todo el mundo se pase todo el día pegado a una pantalla. No era eso lo que nos prometieron”, admitió.

En este punto, Bilinkis contó que la Comisión de Defensa de la Competencia de Estados Unidos (FTC, por sus siglas en inglés) le inició una demanda a la empresa de sitios y aplicaciones de citas Match.com, porque descubrieron que la plataforma estaba llena de “cuentas falsas”: bots diseñados para que resulten atractivos a los usuarios y generarles la ilusión de haber encontrado una persona. Algunos bots hasta mantenían un mínimo chat. Esto se agravaba cuando el sitio, en algunos casos, obligaba a pagar el servicio premium para que los usuarios pudieran hablar con estos perfiles falsos.

Bilinkis contó que, durante el proceso de producción del libro mantuvo una conversación con Marcos Galperin, fundador de Mercado Libre. “La charla me sirvió para entender que, por primera vez, entramos en una era de compañías en escala sobrehumana. Cuando tenés empresas que tienen miles de millones de usuarios interactuando con la plataforma de la manera que sea, si se quiere detectar contenido inapropiado, no hay seres humanos que alcancen para registrar todo”, explicó, y dijo que por eso los procesos tienen que empezar a hacerse por algoritmos, porque llega un punto en el que hay “empresas que sin inteligencia artificial no son viables”.

“Lo único que pueden decidir los seres humanos que dirigen firmas como Facebook es cómo queremos tratar de entrenar a los algoritmos, que no es una decisión menor”, continuó el emprendedor, y dijo que este proceso hace que se despegue a los directivos de la decisión moral. “Crear un algoritmo que maximiza el
engagement no suena tan grave, pero lo cierto es que con eso lo podés estar arruinando la vida al usuario”, siguió.

En el final de la entrevista, Bilinkis dio su definición de futuro, materia que viene investigando desde hace 15 años. “Para mí el futuro es un campo de batalla. Yo no creo en el destino, creo que el futuro no está escrito. No estamos condenados al éxito, ni tampoco al apocalipsis, pero tenemos que tomarnos más en serio qué futuro queremos. Si queremos hacer un mundo que no sea apocalíptico, tenemos que cambiar ciertas cosas. Claramente hay cosas que están equivocadas y en las que el rumbo no va para donde tiene que ir”, cerró.

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