Daniel Melero, pionero del tecno, socio de Cerati e impulsor de Babasónicos: “Yo nunca trabajé”

Daniel Melero habla con una impaciencia adorable. Es como una ventana a lo irreal. No puede uno ser su interlocutor válido si viene de zafar de un lío de tránsito por un piquete y, acto seguido, pretende entrevistarlo. Melero da batalla con su propio ritmo mental. Dice que “el rock hoy está en la genética”…

Daniel Melero, pionero del tecno, socio de Cerati e impulsor de Babasónicos: “Yo nunca trabajé”

Daniel Melero habla con una impaciencia adorable. Es como una ventana a lo irreal. No puede uno ser su interlocutor válido si viene de zafar de un lío de tránsito por un piquete y, acto seguido, pretende entrevistarlo. Melero da batalla con su propio ritmo mental. Dice que “el rock hoy está en la genética” y que tal como lo conocemos, ya cumplió su función. Algo así como que con pioneros al borde de los 80 años (Willy Quiroga de Vox Dei) esto del rock ya es “cultura” y las culturas se parecen a piezas de museo. Sus ideales, sus metas, sus ilusiones -las del rock- han sido materializadas hace tanto tiempo que, según Melero, más que parecerse a sueños, dan sueño.

A simple vista hay algo fatalmente menottista en su rostro. El jopo cayendo pesado y arltiano sobre su frente. Fumando en la tapa de Travesti (sólo ahí). Moviendo sus dedos inquietos de administrador de bienes culturales. Recordando su pasado de influencer exquisito de la “movida sónica” (Babasónicos, Juana la Loca, Los Brujos y epígonos). Inagotable animador de trastiendas, esto nos lleva a pensar –y se lo preguntamos- si su gran obra acaso haya sido saber no estar del todo en el lugar correcto y en el momento adecuado.

“Yo no evalúo nada de lo que hago con respecto a planos. Lo importante de lo que hago es lo que a mí me parece, más allá de cómo sea considerado. Es muy engreído y vanidoso estar en un “plano”, un primer o un segundo plano. O tal vez te refieras a que soy renuente a figurar de más.

-Puede ser…

-En cada cosa en la que participo soy una mácula que entra como si fuera un modificador.

-Se dice que sos nuestro Brian Eno…

-Sí, bueno, Eno es el “primer plano”. Después, como me vean a mí siempre me parece elogioso, pese a que no llegue a estar de acuerdo con la mirada. Considero que ser tenido en cuenta con sonidos, abstracciones y luego, a veces, canciones y palabras, ya me parece interesante.

-También se dice que estuviste detrás de grupos como Babasónicos. ¿Cuál era ahí tu función?

-En primer lugar, un admirador. Un admirador que ponía energía para que esas cosas pudieran funcionar.

-¿Sos material de consulta por parte de la industria?

-A veces, sí, y últimamente no porque ni la industria sabe muy bien qué es y qué hace. A mí me parece hermoso que otros artistas me pregunten qué les parece lo que están elaborando. Yo trato de vivir toda mi vida en el arte, rodeado de artistas, algo que hice y que sigo haciendo. El arte: un universo que parece microscópico, pero es enorme.

Travesti salió en el ‘94 y se reedita ahora en vinilo. Cuando apareció, el artículo que se usaba era “el”: “el travesti”. Aún no estábamos deconstruidos, no decíamos “la travesti”…

-Era casi un término despectivo. “Un trava”. Ahora está la problemática del deseo de ser por encima del formato del cuerpo. En el momento en que sale el disco, a los travestis no les interesaba nada ser parte del sistema de legalización, y a mí me parecía que ese juego era interesante también para darle una aplicación a la música.

Daniel Melero tiene un montón de vidas en el rock. Foto: Lucía Merle

-¿Vos nunca te sentiste un paria?

-Yo era un músico tecno. Estaba instalado eso. Y creo que soy un artista de cultura rock y sigo siendo una consecuencia de ese tipo de inspiración. Travestirme en otra figura me gusta y ese disco se me hace una inflexión que sirvió para desarrollar muchas ideas que tenía en un cuaderno donde figuraban los proyectos en marcha. No sabía los títulos de algunos, pero Travesti ya lo tenía diseñado desde finales del ‘89. Yo estaba muy influenciado por la lectura de Baudrillard, La transparencia del mal, particularmente, y veía la temática de que todos éramos trans, queriendo llevar eso a la música. Hay canciones sin ornamentos, con una guitarra, tales como Quiero estar entre tus cosas y drag queens glamorosas como el tema Amazona.

-Hay canciones perfectas.

-La verdad que sí (sonríe).

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-¿Por qué Travesti nace como disco de culto si podría haber sido un disco solista de Cerati?

-Para mí los álbumes solistas de Gustavo también son de culto, si de “culto” significa que no es popular.

-A veces “de culto” y “oculto” parecen sinónimos, ¿no?

-Creo que son las canciones de las que fui víctima en medio de estar en esas ideas. En gran medida fueron construidas en base a fragmentos de otras ideas, de ideas preexistentes del rock nacional.

-El periodista Pablo Schanton me dijo que agarraste El parque, de Billy Bond y La Pesada, y que la transformaste en otra cosa.

-La tecnología era muy distinta. Hablamos de un display lleno de numeritos, nada qué ver con lo de ahora. Agarré Génesis, de Vox Dei, y lo lleve a la trama de una canción como La sed. Tomé toda una estructura de la base de Génesis y esa estructura está repetida a lo largo de la canción. Sin embargo, en el andamiaje general, por ahí hasta resulta invisible. El parque está presente en mi tema Libertad.

-¿Los Vox Dei se dieron cuenta?

-No, porque no era lo que caracterizaba la canción. Es más, esto nunca lo revelé porque a nadie le interesaba saber cómo estaba hecha la canción. Muy poca gente lo sabe. Hay músicos que no registraban la situación ni colaborando en el disco.

-Genial lo tuyo. Lo que podría ser un plagio termina pasando inadvertido.

-Una fantasmagoría, un alma oculta, pero es la columna vertebral, sí. Y esa hermosa maniobra ahora está cumpliendo 25 años. Por eso surgió la idea de hacer Travesti en vivo, un disco que en su momento no lo presenté en ninguna parte.

-¿Cuál sería tu instrumento?

-El panel de un sintetizador y la guitarra acústica.

-La famosa Trátame suavemente, uno de los grandes temas de Soda, es tuya. Tenés una versión grabada con Los Encargados, tu primer grupo, y otra versión hecha en piano…

-Sí, pero la compuse con guitarra.

Para “Travesti”, Melero trabajó con canciones añejas del rock argentino, como “Génesis”, de Vox Dei, o “El parque”, de Billy Bond y la Pesada. Foto: Lucía Merle

-Recordaba un grupo llamado “De qué vive Daniel Melero”. ¿Vivís o viviste de los derechos de ese hit?

-El tema es mío. Yo soy el autor. Ahí entramos en todo el terreno de Sadaic y demás.

-¿Cerati te lo pidió?

-No estaba editado cuando lo hace Soda. Yo fui el productor del primer demo de Soda Stereo. Compartíamos música todo el tiempo, éramos amigos con toda la banda. Es más: iba a producir el álbum debut, pero ellos fueron interpelados para que se hiciera cargo Federico Moura. El manager de Soda decía que yo estaba loco, que nunca iba a poder producir ni un solo álbum. Al margen de eso, Federico lo produjo, y lo hizo hermosamente.

-Tengo entendido que Moura casi lleva esa canción para hacerla con Virus. ¿Es así?

-Ellos querían hacer una versión, cierto. Moura fue muy gentil y muy amable con el petardista que era yo entonces. Iba a verlo todo el tiempo y hablábamos sin parar con Federico. Nos encontrábamos sin cita previa en un café que ya no existe y nos sentábamos a ver la gente pasar.

-Te gustaba mucho Virus…

-No. Virus me parecía interesante, pero nunca me gustó. Yo se lo decía a Federico y él me comentaba lo que pensaba que eran falencias de mis propios proyectos. Un gentilhombre, Fede, quien mientras producía el disco de Soda decidió que Trátame suavemente debía ser conocida ya mismo. Yo era el productor negado, pero de haber trabajado con ellos jamás hubiera sugerido grabar un tema mío.

-¿Te enojó que un grupo se llamara “De qué vive Daniel Melero”?

-Me pareció irrelevante, porque todo el mundo sabe que yo vivo del tráfico de bebés

-¡Jajajaja!

-Por favor, que no sea el título porque sería demasiada buena prensa para un hombre como yo.

-¿Fuiste convocado para este regreso de Soda Stereo?

-Ehhhh… digamos que no. Creo que no. No me interesa dar detalles públicos, porque he opinado donde corresponde. Me han dicho que podría estar en la lista de los que iban a ser invitados, pero no quise. No me gustaría intervenir sobre un negocio de otros.

-¿Pero estás de acuerdo o no con la reunión?

-No me interesaría participar. Tengo verdaderamente cariño por mucha de la gente involucrada, pero nada más. Tampoco estuve en el regreso de Soda, cuando Cerati vivía. No quise participar, porque estaba alejado de esos grandes compromisos. Me gusta pasar el tiempo escuchando música, tratando de crear, de probar sonidos, de leer, de estar entre mis amistades de una manera nutritiva. No quiero perder inspiración en algo que es un trabajo. Sólo puedo dedicarme a lo que me deslumbre. Analizando profundamente lo que significa la palabra, yo nunca trabajé.

-“Colores santos”, tu disco con Cerati, sería como el La la la de Spinetta-Páez?

-No sabría decirte. Nunca terminé de escuchar La la la.

Dónde y cuándo

El sábado 16 en el ND Teatro, Paraguay 918, tendrá lugar la única presentación de Daniel Melero y su banda en ocasión de la reedición en vinilo (con sonido original no remasterizado) de su icónico álbum Travesti, a 25 años de su lanzamiento. Entrada general: $700. Entrada más vinilo: $2500)

WD

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