Una nueva víctima de Eduardo Lorenzo dijo que convivió con el cura

Se sumó una nueva denuncia contra el cura Eduardo Lorenzo, excapellán del Servicio Penitenciario Bonaerense. La Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de la Argentina reveló que una cuarta víctima declaró durante tres horas el 7 de noviembre ante la fiscal de la causa. El encargado de la Parroquia Inmaculada Madre de Dios de La…

Una nueva víctima de Eduardo Lorenzo dijo que convivió con el cura

Se sumó una nueva denuncia contra el cura Eduardo Lorenzo, excapellán del Servicio Penitenciario Bonaerense. La Red de Sobrevivientes de Abuso Eclesiástico de la Argentina reveló que una cuarta víctima declaró durante tres horas el 7 de noviembre ante la fiscal de la causa. El encargado de la Parroquia Inmaculada Madre de Dios de La Plata está acusado de abuso sexual agravado con acceso carnal y corrupción.

“Juan”, que no desea hacer pública su identidad, detalló los maltratos y abusos que vivió entre 2001 y 2002 en la parroquia Nuestra Señora de Lourdes, la misma iglesia en la que otro de los denunciantes, Julián Bartoli, conoció a Lorenzo y fue abusado. En sede judicial, Juan sostuvo que llegó a La Plata en 2001. “Lo primero que hice fue buscar una iglesia porque mi familia era muy católica, éramos de esas familias que íbamos a misa todos los días. Ahí conocí a Lorenzo. Iba a la iglesia, a la misa y me quedaba después a tomar mates. Eso lo empecé a hacer más seguido y a tener una relación más cercana con él. En un momento me invitó a cenar a su departamento en calle 17 entre 37 y 38”, dijo.

Se trata del mismo domicilio señalado por algunas de las víctimas de la causa. “Iba a cenar a la casa cada vez más seguido, a veces nos quedábamos solos y tomábamos whisky. Y ahí comienzo a tener una relación de amistad, para mí era ‘el cura de todos’, pero en parte mi amigo. Él me valoraba, me hacía sentir especial, superimportante, donde vos te sentís que te elige a vos y no a otros. Pensaba ‘soy yo, me elige a mí por encima de todos’”, precisó ante la fiscal Ana Medina.

Además, detalló una de las características de Lorenzo: “Me acuerdo de que lo pasaba a buscar por la parroquia, y ahí una de las chicas le daba la comida, después íbamos al departamento y arrancaba la rutina: yo le ponía a cargar el celular, le cocinaba, cenábamos y con la excusa de mirar televisión, nos acostábamos. Recuerdo episodios de estar en la cama de su habitación. Estar acostados y abrazados, y él me decía que le gustaba mi olor y me pedía que le acariciara la cabeza”.

Recuerdo episodios de estar en la cama de su habitación. Estar acostados y abrazados, y él me decía que le gustaba mi olor

“Él siempre se encargaba de demostrarme que no había nada malo en compartir la cama o estar abrazados porque éramos amigos; y yo me autoconvencía que tampoco estaba mal, porque éramos amigos. Ahora, de grande, con otra perspectiva, me doy cuenta que no estuvo bien todo que hizo”, reflexiona Juan.

“También me acuerdo de que en un momento me pidió que le limpie los talones, que le pasara crema por los pies”, agregó.

Juan detalló que “en el verano de diciembre de 2001 y enero de 2002, Lorenzo alquiló una quinta en Gonnet, que quedaba entre Camino Centenario y Belgrano, y literalmente me mudo a la quinta con él, hasta tenía mi pieza y las llaves del lugar. Una vez casi nos descubre acostados otro chico que vivía en la quinta y que formaba parte del grupo scout de Lourdes. Y ante esa situación, en la que casi nos descubren, cuando estábamos solos recuerdo que Lorenzo me decía: ‘zafamos, qué van a pensar éstos’. Y yo me sentía sumamente halagado, porque había hecho algo que le había gustado, había hecho algo bien”, continuó.

“Lorenzo fue manejando todo para que todo sucediera en forma casi natural. Él se acostaba en la cama con la espalda en la pared y estábamos abrazados de costado, porque la excusa era mirar televisión. Cuando llegaba o me iba me daba abrazos fuertes, y me acuerdo que él me decía que le gustaba que yo le metiera los dedos en los rulos y le hiciera caricias en su cabeza. Ahora que soy padre me doy cuenta que no eran conductas apropiadas de una persona de 40 y pico de años con un adolescente, y mucho menos si esa persona mayor era un cura”, especificó.

Finalmente, relató: “Un día en la quinta, cenamos en el patio, estábamos solos y después nos quedamos charlando de sobremesa. Esa noche tomamos champagne y comimos almendras, y eso lo hicimos varias veces, era como un rito. La quinta era un desfile de amigos de Lorenzo, ahí empecé a sentir que yo me había mudado a la quinta y tenía que atender a todos sus amigos. Parecía el mayodormo. En la quinta se quedó unos días otro sacerdote, Tony, que era muy amigo de él”. Tony es mencionado por varios de los denunciantes como una persona ciega que participaba de las fiestas con consumo de alcohol y abusos sexuales a menores que organizaba Lorenzo.

La palabra de Eduardo Lorenzo

Eduardo Lorenzo respondió en diálogo con TN.com.ar a las acusaciones en su contra. En la entrevista exclusiva con este sitio habla de fábulas y mentiras. Acepta que las circunstancias y personas que menciona uno de sus denunciantes existieron, pero que nunca hubo sexo. “¡No soy un delincuente, no soy un mafioso, soy un cura!”, dice.

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