Salud trans: Carta abierta a Ginés González García

Estimado Ginés, antes que nada, dejame que te tutee. Aunque no nos conozcamos en persona, creo que compartimos suficientes cosas como para dejar de lado los formalismos. Te escribo porque estoy bastante enojado con lo que dijiste sobre la cobertura de salud de las personas trans, tratando de correr por derecha al gobierno que se…

Salud trans: Carta abierta a Ginés González García

Estimado Ginés, antes que nada, dejame que te tutee. Aunque no nos conozcamos en persona, creo que compartimos suficientes cosas como para dejar de lado los formalismos. Te escribo porque estoy bastante enojado con lo que dijiste sobre la cobertura de salud de las personas trans, tratando de correr por derecha al gobierno que se va, lo que no me parece muy buena idea para el que viene. Enojado por el contenido, pero también por el emisor, porque es muy grave que hayas sido justo vos quien pone en circulación más prejuicios y mentiras sobre los derechos de las personas trans, como si no hubiera suficientes y no costara tanto enfrentarlos.

Dijiste, y te cito textual, recurriendo directamente al audio de la entrevista para que nadie diga que fue tergiversado o sacado de contexto: “El gobierno irresponsablemente está agregando prestaciones obligatorias, que pueden ser muy loables, nadie puede estar en contra de que se le financie a una persona, qué se yo, el cambio de sexo, pero, claramente, si vos no podés pagar lo que ya tenés que pagar históricamente, agregar prestaciones es agregar dificultades y problemas para que el próximo gobierno se encuentre con territorio minado, tierra arrasada”. Te escribo, Ginés, para explicarte por qué lo que dijiste es una tremenda estupidez, es mentira y, además, una irresponsabilidad, dicho por quien pretende ser ministro de Salud de la Nación.

Te propongo, porque veo que no lo hiciste antes de hablar, que revisemos juntos los datos, anticipando lo que te vas a encontrar si Alberto te ofrece el cargo de ministro. En primer lugar, veamos qué dicen la ley 26.743 (identidad de género), su primera reglamentación –firmada por Cristina Kirchner durante su gobierno, en 2015– y la resolución complementaria aprobada en estos días por el exsecretario Adolfo Rubinstein. Segundo, qué es, en concreto, lo nuevo en la resolución de Rubinstein y si realmente “agrega prestaciones”, como afirmaste. Tercero, a cuántas personas afecta y cuánto dinero cuesta. Vas a ver que le erraste en todos los aspectos de la noticia.

No hay territorio minado, ni tierra arrasada, ni nada.

La ley de identidad de género, sancionada en 2012 con un amplio consenso en el Congreso Nacional (la Cámara de Diputados le dio media sanción por 167 votos a favor, 17 en contra y 7 abstenciones y el Senado la ratificó por 55 votos a favor y una abstención) y promulgada por Cristina, establece en su artículo 11 que las personas trans podrán “a fin de garantizar el goce de su salud integral, acceder a intervenciones quirúrgicas totales y parciales y/o tratamientos integrales hormonales para adecuar su cuerpo, incluida su genitalidad, a su identidad de género autopercibida, sin necesidad de requerir autorización judicial o administrativa”. No se trata, como dijiste, de cambiar de sexo, sino de adecuar su cuerpo a su identidad de género, que ya existe.

Gines fue ministro de Salud de los gobiernos de Eduardo Duhalde. (Foto: EFE)

Pero vamos al meollo de la cuestión. La ley dice expresamente que “todas las prestaciones de salud contempladas (…) quedan incluidas en el Plan Médico Obligatorio, o el que lo reemplace, conforme lo reglamente la autoridad de aplicación”. Esto es fundamental para entender de qué estamos hablando. Repito: todas las prestaciones ya están incluidas en el PMO desde la sanción de la ley, hace siete años. Lo que hace la autoridad de aplicación es, apenas, reglamentar la norma para garantizar su cumplimiento, y eso se hizo se a través del decreto 903, firmado por la entonces presidenta Cristina Fernández de Kirchner y su ministro Daniel Gustavo Gollán y publicado en el Boletín Oficial el día 29 de mayo de 2015. El decreto de Cristina y Gollán, repito, no agregaba prestaciones, sino que apenas reglamentaba lo que ya había sido garantizado por ley, para que se cumpliera. Lo mismo que, apenas complementariamente, hizo la resolución 3159/2019, dictada correcta pero tardíamente por Adolfo Rubinstein.

Ahora veamos cuáles son las novedades. El decreto de Cristina y Gollán detalló, teniendo en cuenta la tecnología médica del momento, lo que debía entenderse por las expresiones “intervenciones quirúrgicas” y “tratamientos integrales hormonales”, tal como citados por la ley. Dice: “Se entiende por intervenciones quirúrgicas totales y parciales a las cirugías que ayuden a adecuar el cuerpo a la identidad de género autopercibida.Las mismas comprenden: Mastoplastía de aumento, Mastectomía, gluteoplastía de aumento, Orquiectomía, Penectomía, Vaginoplastía, Clitoroplastía, Vulvoplastía, Anexohisterectomía, Vaginectomía, Metoidioplastía, Escrotoplastía y Faloplastía con prótesis peneana, resultando la presente enumeración de carácter meramente enunciativo y no taxativo.Se entiende por tratamientos hormonales integrales a aquellos que tienen por finalidad cambiar los caracteres secundarios que responden al sexo gonadal, promoviendo que la imagen se adecue al género autopercibido”.

La expresión “carácter meramente enunciativo y no taxativo” es fundamental para entender que los decretos y resoluciones no agregan ni quitan, apenas ponen algunos nombres y apellidos a lo que la ley ya garantizó.

Como ya fuiste ministro, no tengo dudas de que lo sabés, pero les hablo aquí por un instante a los lectores, que no están obligados a saberlo, ya que esta es una carta abierta: ese tipo de enumeraciones se incluyen en los decretos y resoluciones ministeriales y no en las leyes porque la ciencia evoluciona, la tecnología médica avanza y las leyes deben ser durables. Si una ley sobre tratamientos para el cáncer, la epilepsia o el HIV detallara los nombres de las drogas que se usaban al momento de su sanción, los diputados y senadores deberían volver a discutirla y aprobar modificaciones cada vez que sale un nuevo fármaco, más eficaz y con menos efectos secundarios. Por ello, para que nuestro sistema legal sea más eficiente, lo que la ley dice es que deben suministrarse “los tratamientos” y entendemos que se refiere a los más adecuados, los últimos, los mejores que tenemos. Luego, si hay dudas o si hace falta porque las empresas de medicina prepaga se están haciendo las tontas para no cumplir la ley, el decreto reglamentario y las resoluciones del Ministerio de Salud podrán decir que la droga tal, que es la recomendada en este momento por los especialistas, debe ser suministrada. Eso no es “agregar prestaciones”, sino garantizar que se cumplan.

(Foto: DYN)

En la práctica, desde el decreto de Cristina y Gollán, no hubo en general problemas de interpretación, ya que sucesivas decisiones de la Superintendencia de Servicios de Salud venían garantizando, inclusive, las prestaciones más caras. La nueva resolución de Rubinstein, sin embargo, es útil para evitar controversias en relación con algunas drogas muy específicas. Lo que hace, concretamente, es incorporar en dos anexos de la Resolución N° 201/02 del Ministerio de Salud lo siguiente: en el anexo I, punto 7, apartado 3, que trata de los medicamentos con cobertura del 100% en los seguros médicos:Acetato de ciproterona, Testosterona gel, 17ß-estradiol gel, Valerato de estradiol, Espironolactona, Undecanoato de testosterona y triptorelina; y en el los anexos III y IV, que traen listados de principios activos y precios de referencia: Acetato de ciproterona 50 mg, Testosterona gel 1%, Undecanoato de testosterona 1000 mg, triptorelina 3,75 mg y triptorelina 11,25 mg. Eso es todo.

Como te dije, no es una inclusión de prestaciones, que ya estaban garantizadas por la ley y reglamentadas por el gobierno anterior. Es, apenas, ponerles nombre y apellido a algunos productos, que son los que se usan en la actualidad para estos tratamientos.

Ahora hablemos de números. Antes, Ginés, convengamos que, cuando hablamos de salud pública, los “costos” no deberían ser un argumento central. La salud cuesta dinero, por supuesto, pero creo que vas a estar de acuerdo conmigo en que, de todas las muchísimas cosas en las que el Estado gasta, la salud es uno de los casos en los que, como decía Evita, “donde hay una necesidad, existe un derecho”. Y, en el caso de las prepagas, ni hablar: ganan suficientes millones como para que, encima, vengan a decirnos que determinado medicamento cuesta muy caro. Si no les gusta, que abran una pizzería.

Como me imagino que sabrás, desde la aprobación de la ley, tenemos un primer registro estadístico de las personas trans. Si bien hay población oculta, ya que no contamos aún con datos censales, sabemos que una buena parte de las personas trans ya hicieron su trámite de cambio de DNI, lo que nos permite saber, aproximadamente, cuántas son. Por otro lado, tampoco tenemos datos completos sobre la extensión de la cobertura de salud prevista por la ley, pero sabemos que su implementación es dispar en el territorio nacional. Por eso, voy a tomar aquí como ejemplo el caso de la provincia de Santa Fe, ya que, durante los gobiernos del Partido Socialista, ha sido una provincia pionera en este sentido y es la que mejor ha puesto en práctica las políticas públicas necesarias, que espero que tu gestión tome como modelo.

El gobierno provincial cuenta con estadísticas sobre la población trans que podemos usar como punto de partida para una estimación nacional. De acuerdo con una encuesta que terminaron recientemente, calculan que la población total de personas trans adultas es aproximadamente 20% más que las registradas por haber hecho el cambio de DNI, con un 75% de mujeres trans y un 25% de hombres. En Santa Fe, lo hicieron ya 977 personas, de modo que estiman que hay cerca de 1200 personas trans en la provincia. A nivel nacional, ya se hicieron cerca de 9 mil cambios de nombre y género en los registros civiles, entonces, haber cerca de 11 mil personas trans en todo el país. Es de esa cantidad de personas que estamos hablando cuando discutimos el impacto presupuestario de la cobertura de salud, en un país con más de 41 millones de habitantes.

Para ser más preciso, Ginés, le pregunté a Esteban Paulón, subsecretario de Diversidad Sexual de la provincia de Santa Fe, sobre los costos de la cobertura en la provincia que mejor la cumple. De las 977 personas trans que hicieron el DNI desde la aprobación de la ley, 580 tienen carpeta médica en la atención primaria de salud provincial. En los últimos cuatro años, se realizaron un total de 144 operaciones, de las cuales 46 eran de vaginoplastía, el procedimiento más caro: aproximadamente 390 mil pesos. Los implantes mamarios, por su parte, le costaron a Santa Fe entre 90 y 100 mil pesos cada uno. “Cuando lo comparás con otros valores de la salud pública, no existe. No tiene proporción”, me dice Esteban. Además, no podemos usar como dato final el número total de personas trans,sino que hace falta calcular cuántas de ellas accederán a estos tratamientos cada año, porque no todas necesitan cada uno de los tratamientos, sino apenas algunas, dependiendo de su edad, su género y necesidades particulares.

Debería ser obvio, pero aclaremos: una vaginoplastía o un implante mamario son procedimientos que se hacen una única vez en la vida y cada tratamiento tiene un período de tiempo, de modo que, al anualizar el costo, por ejemplo, de esos procedimientos, estamos hablando de un valor irrisorio para el sistema de salud.Por otra parte, ni la vaginoplastía, ni el implante mamario, ni los tratamientos hormonales son una novedad “agregada” por este gobierno, sino que están cubiertos desde que se aprobó la ley.

Las hormonas de tratamiento feminizante cuestan entre 300 y 350 pesos por mes y la testosterona, cerca de 900 pesos. De las drogas específicas mencionadas en el decreto de Rubinstein, el Undecanoato de testosterona (Nebido), por ejemplo, cuesta entre 3 y 4 mil pesos, pero Esteban me aclara que no todos los varones trans necesitan usarlo (recordemos además que son cerca de 25% de la población trans total) y, cuando lo usan, es una inyección trimestral. Los inhibidores, que son las drogas más caras, salen entre 4500 y 5000 pesos, pero son necesarias para muy pocos los pacientes, ya que estamos hablando de las personas trans comprendidas en una franja específica de edad.

Es decir, nada de esto, que ya estaba en la ley y que la resolución que cuestionaste apenas actualizó parcialmente, poniendo los nombres de las drogas más usadas en la actualidad –siguiendo las recomendaciones de la Asociación Mundial para la Salud Transgénero (WPATH), la Asociación de Profesionales de Salud Transgénero de Australia y Nueva Zelanda, la Sociedad Endocrinológica de Estados Unidos, la Universidad Central de Amsterdam y el Grupo de Trabajo de Lancet, que se mencionan en los considerandos– va a fundir al Estado ni a las prepagas. Nada de esto, si te fijás en los números y ves cuántos pacientes lo usan en todo el país, tiene el menor impacto en el presupuesto de la salud pública. En Argentina se gasta muchísimo, pero muchísimo más dinero en cosas muchísimo, pero muchísimo menos importantes.

Si costara mucho más caro, igualmente sería correcto y deberíamos defenderlo porque tiene que ver con la salud y la calidad de vida de un grupo de personas, pero ni eso. Es una cifra irrelevante. Y así llegamos adonde hace falta llegar. Para mucha gente, la salud de las personas trans no es importante, cueste lo que cueste. Las propias personas trans no son importantes. Mucha gente piensa en ellas como si no fueran seres humanos, porque cargamos esos prejuicios hace demasiado tiempo. Y así continuamos permitiendo que vivan la vida que viven.

La esperanza de vida promedio de una persona trans en Argentina es de poco más de 30 años. La mayoría abandona la escuela por la discriminación que sufre y es expulsada de casa por sus propios padres, terminando en la calle. La mayoría se prostituye porque nadie le da otro tipo de trabajo. La mayoría vive en una situación de marginalidad, en la extrema pobreza. Son víctimas preferenciales de delitos sexuales, abusos, violencia policial y asesinatos. La mayoría muere a tiros, o a cuchillazos; no de vieja. La cantidad de personas trans viviendo con VIH es muy superior al promedio del resto de la población. Muchas mueren, también, de enfermedades curables, por falta de atención médica. Nada de eso ocurre por razones naturales, ni por una fatalidad inevitable, sino como consecuencia del prejuicio, del odio, de la ignorancia de buena parte de la sociedad y de la falta de buenas políticas públicas para evitarlo. Si sos ministro, Ginés, parte de tu trabajo debería ser cambiar eso, que puede cambiarse, pero nunca se ha hecho.

Entonces, no digamos pavadas. Cada vez que algún medio o algún político hace afirmaciones irresponsables como las que vos hiciste, Ginés, se refuerzan los discursos de odio contra las personas trans, que, en el fondo, no tienen que ver con el gasto público, sino con la transfobia. Les das una frase hecha a los que odian para que la repitan una y otra vez en las redes sociales, afirmando que “el dinero de nuestros impuestos” está siendo gastado irresponsablemente para “esa gente” por la que son incapaces de sentir empatía. Hay que tener mucho cuidado, Ginés, antes de darles letra a la ultraderecha y a quienes defienden la discriminación y la negación de derechos, que es lo que vos hiciste con esas declaraciones, aunque no haya sido tu intención.

Es lo mismo que sucedió años atrás cuando un excelente proyecto de ley de la entonces diputada porteña María Rachid propuso un subsidio para personas trans mayores de 40 años, es decir, sobrevivientes: era justo, era necesario, era poco dinero, era poca gente, no costaba nada hacerlo y mejoraría la vida de un grupo de seres humanos que habían ya sido demasiado maltratados, pero la cantidad de mentiras que se dijeron y repitieron hasta el cansancio hizo que el proyecto nunca se aprobara.

Por eso, Ginés, te escribo para pedirte que pidas disculpas y expliques, de forma clara y didáctica, para que todos lo entiendan, en qué te equivocaste. Como futuro ministro de Salud, le vas a hacer un gran favor al país si ayudás a combatir la desinformación y los prejuicios, reconociendo tu error y dialogando con los que reaccionaron frente al anuncio de la resolución de Rubinstein con los mismos prejuicios y la misma desinformación que vos.

Te lo dice alguien que, cuando escuchó que volvía Ginés al gobierno, se puso contento, por muchos de tus aciertos del pasado, y ahora te pide que no lo hagas arrepentirse, que no lo decepciones antes de empezar. Pedir disculpas y aprovechar la visibilidad de un gesto tan insólito en la política, ya que estamos, para explicar por qué las personas trans tienen derecho a la salud pública, lejos de humillarte, te engrandecería, y sería la mejor manera de empezar a cambiar las cosas para bien.

Un abrazo.

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