Diego Pérez y su personaje de descubridor de Carlos Tevez en la serie Apache: “Puse una insólita condición”

Podría haber perdido el papel, pero no le importó. La convicción era más fuerte que la oportunidad actoral de su vida. “Hago lo que sea en el set, pero tengo una advertencia: no uso ninguna camiseta que no sea la de Platense”.Sin pestañear, Diego Pérez lanzó su condición. La serie de Netflix, Apache, ambientada entre vestuarios, clubes…

Diego Pérez y su personaje de descubridor de Carlos Tevez en la serie Apache: “Puse una insólita condición”

Podría haber perdido el papel, pero no le importó. La convicción era más fuerte que la oportunidad actoral de su vida. “Hago lo que sea en el set, pero tengo una advertencia: no uso ninguna camiseta que no sea la de Platense”.

Sin pestañear, Diego Pérez lanzó su condición. La serie de Netflix, Apache, ambientada entre vestuarios, clubes y banderas, requería emparentarse con varios colores que no fueran el blanco y marrón. Pero “El Calamar” tiene un precepto que ni el compromiso actoral aniquila: “Ponerse otra camiseta, como la de Argentinos, o la que fuera, es más que faltarle el respeto a tu propia hinchada, es faltárselo a todas las otras hinchadas”.

Fernando Diego -como figura en su DNI- reproduce el diálogo previo a la filmación y se ríe de su propio trastorno obsesivo futbolístico. “‘¿Alergias?’, me preguntaron desde la producción. ‘Ninguna’, les dije. ¿Montás a caballo, andás en moto, fumás?’, seguían interrogando. ‘No. Pero si es necesario lo hago. Eso sí, tomen nota: no me pongo ninguna insignia. Comuníquenlo a Adrián Caetano, él va a saber entender cómo siente un hincha””.

Pérez en una escena de “Apache”, como Maddoni.

A los 55 años, a Pérez le “perdonaron” el fanatismo. Y cumplió con creces: se calzó el traje de Ramón Madonni, sin escudos, y moldeó impecablemente al descubridor y formador de cracks cuya “fábrica” nutrió al mundo. Un personaje con ojo clínico que nos habla más que de fútbol, de semilleros y semillas. Diego sabe de qué se trata. Hace 26 años encaró su primer bolo. Cuesta arriba, una siembra escalón por escalón. Ahora mira a ese que fue y ve en Carlos Tevez a su viejo “yo”, debutando en Primera. 

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Pérez llegó a Netflix, de algún modo, gracias a la única película que protagonizó: Diez menos (de Roberto Salomone y Daniel Alvaredo). Salomone, asistente de dirección de Caetano, lo convocó para un casting. Así, Diego googleó con emoción al personaje y corrió hasta la peluquería para que le “pintaran” canas. Paso siguiente, comprar anteojos similares y presentarse en la productora, en Villa Urquiza, con look deportivo. Una prueba de cámara bastó. A la semana le comunicaron que el papel era suyo.

Diego Pérez junto a Ramón Maddoni y a Balthazar Murillo (Carlitos en la serie) en la previa de la filmación de “Apache”.

“Con Ramón nos entrevistamos en Club Parque, donde él es Gardel”, explica, exultante. “Le hizo fotocopias a viejas entrevistas, a fotos con Carlitos y con jugadores a los que descubrió a lo largo de su carrera, como Nico Cambiasso, Juan Pablo Sorín, Fernando Gago. Pude ir observando cómo se movía, entre pícaro y dulce. Charlamos horas. Él remarcaba que no sólo se fijaba en el talento del jugador, sino en ela pasión, la actitud, la resistencia, la perseverancia. Me empapé de lo paternal. Él era la persona que llevaba a los pibes al buffet y les daba un sándwich cuando tenían carencias económicas”.

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La construcción de Tevez en primer plano y –detrás de la metáfora de que desde el hábitat del barro y las balas puede nacer algo puro-, se asoma el Maddoni de Diego como una pincelada de lo que puede significar encontrar una gema y cambiarle la vida. “Me quedo con escena en que voy a la casa de Carlitos, la casa real de Fuerte Apache, a decirle que ya estoy en Boca y que me lo quiero llevar. Carlos estuvo en la productora charlando mucho con nosotros, contándonos historias. Me de ternura saber que cuando él llegaba al club con hambre desde el barrio Ejército de los Andres, Maddoni era el tipo que le compraba el café con leche y las medialunas”.

Largas horas de conversaciones entre Diego Pérez y Ramón Maddoni.

También Diego se acuerda de sus “inferiores” reales, sus días como boletero de tren. Maddoni es como la coronación de sus “gambetas” en el “ascenso”. Este gran momento le hace saltar para atrás, recordar con orgullo a su padre, carnicero, evocar a El Ferrocarril, el videoclub de San Martín en el que trabajó por tres años. También “viajar” hasta La fiaca, el kiosquito que atendía en su juventud. “‘No te tenía actuando así’, me repiten ahora. O me topo con hinchas de River que me confiesan que ya vieron la serie dos veces. Es la primera vez que me toca encarnar a un hombre que existe”.

El verdadero Maddoni. (AP).

Ex alumno de Agustín Alezzo y Norman Briski, humorista recordadísimo en VideoMatch, Diego le pone el cuerpo por estos días a la comedia teatral Mi mujer se llama Mauricio, en La Casona. En octubre empezará un programa ómnibus en Canal 9. Sabe que la mirada del público y la crítica están mutando a partir de Apache. Que hay un fuego creciente interno más allá de la comedia. Y que “la Primera” para él es acordarse del “pibe que debutó en Mi cuñado” junto a Ricardo Darín y Luis Brandoni. “Soy un laburante. Vengo de una familia honesta. Estoy orgulloso de haberme hecho desde abajo”.

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