Miguel Ángel Castellini: el campeón que llegó a pelear entre disparos y tuvo un cruce con Julio Cortázar

La muerte de Miguel Ángel Castellini este miércoles, a los 73 años, generó un profundo dolor en el universo del boxeo argentino. El pampeano no solo fue un púgil excepcional, con técnica, pegada y un enorme apego al gimnasio, sino también un hombre distinguido por sus virtudes personales y su cualidad docente. Sus 15 años…

Miguel Ángel Castellini: el campeón que llegó a pelear entre disparos y tuvo un cruce con Julio Cortázar

La muerte de Miguel Ángel Castellini este miércoles, a los 73 años, generó un profundo dolor en el universo del boxeo argentino. El pampeano no solo fue un púgil excepcional, con técnica, pegada y un enorme apego al gimnasio, sino también un hombre distinguido por sus virtudes personales y su cualidad docente. Sus 15 años de carrera le dieron un título mundial, 74 victorias en 94 presentaciones, viajes por el mundo, un combate entre disparos y hasta una dura crítica de Julio Cortázar.

El contrapunto entre el púgil nacido en Santa Rosa y el autor de Rayuela ocurrió en 1973. Por entonces, después de más de un lustro de presentarse en distintas provincias y de dos años de parate en los que se había dedicado a trabajar como disc jockey, Castellini se había hecho un lugar en las carteleras del Luna Park, era campeón argentino superwélter y ya portaba el apodo de Cloroformo, tras un tremendo nocaut al mexicano Raúl Soriano en noviembre del año anterior en el coliseo de Corrientes y Bouchard.

A Castellini, que sumaba 18 victorias consecutivas (16 por nocaut), le tocaba enfrentarse el 7 de abril de ese año al estadounidense Doc Holliday, un estudiante de Historia de la Universidad de Columbus con modestos antecedentes pugilísticos. Aprovechando una visita de Cortázar a Buenos Aires y su afición por el boxeo, El Gráfico lo invitó a asistir al Luna Park a presenciar la velada y a escribir una crónica para la revista.

Miguel Ángel Castellini hizo 94 peleas profesionales en 15 años de carrera.

El escritor, que llevaba 22 años sin pisar el estadio, aceptó. Esa noche, vio ganar a Castellini en un combate de bajo vuelo, como también lo hizo Oscar Bonavena, ubicado a solo unas butacas de distancia. Quedó muy disconforme con la actuación del pampeano y así lo dejó asentado en el texto que se publicó en la edición 2792 de El Gráfico.

“Si Castellini no aprende todo lo que le falta aprender, de nada le valdrán las interminables instrucciones que le gritaba Ringo Bonavena. En la actualidad no faltan los Doc Holliday a la espera de su hora y algunos tienen punch. Cualquiera de ellos puede malograr la carrera de Castellini si este no se decide a convertir la potencia física en ese mecanismo más complejo y eficaz que define a los grandes boxeadores, y que da a sus victorias el esplendor que tanto faltó anoche”, sentenció el escritor.

“Cortázar es un gran escritor que ve el boxeo muy mal”, retrucó Castellini en ese momento. Pero, años más tarde, valoró de otro modo aquella crítica. “Esa columna de Cortázar me ayudó, me desafió para luchar hasta lograr ser campeón del mundo”, reconoció en febrero de este año en una entrevista publicada en Infobae.

Miguel Ángel Castellini-Doc Holliday, la pelea que Julio Cortázar comentó para El Gráfico en 1973.

Después de aquel cuestionamiento, Cloroformo consiguió 16 victorias en sus siguientes 19 presentaciones, que lo acercaron a una chance mundialista. De esos 16 triunfos, seis fueron en suelo europeo (además cosechó una derrota): peleó en París, Roma, Milán y Mónaco. Allí se codeó con personalidades de distintos ámbitos. “Jean Paul Belmondo era el más cálido y el mejor espectador de pugilismo que conocí en Europa. Vivir en París fue un lujo invalorable”, recordó años después.

Pese a ello, todavía existían cuestionamientos de parte del público argentino para Castellini, que finalmente tuvo su chance por el título superwélter de la Asociación Mundial de Boxeo y no la desaprovechó: venció por puntos al español José Durán en el Palacio de los Deportes de Madrid el 8 de octubre de 1976. Fue una noche caliente, en la que algunos aficionados terminaron agrediendo a cuanto argentino se cruzaban. Entre ellos, Víctor Emilio Galíndez, gran amigo del nuevo campeón, que había viajado con él a la capital española.

Cuando regresó a Buenos Aires, le preguntaron si el título permitiría una reconciliación con sus críticos. “Nunca voy a tener una reconciliación con el público porque es una relación de amor. En el amor, hay peleas, encuentros y desacuerdos. Quizás yo tenga problemas con el público, pero siempre estaremos unidos”, explicó. Años más tarde, también vinculó ese triunfo con la dura crónica de Cortázar: “Cuando gané la corona, sentí que él, con su critica, había sido parte de mi título mundial”.

Miguel Ángel Castellini saluda, de regreso en Buenos Aires tras conquistar el título mundial superwélter en Madrid.

El reinado duró apenas cinco meses. El 5 de marzo de 1977 y bajo estado de sitio, expuso su corona en el Estadio Nacional de Beisbol de Managua frente al desconocido Eddie Gazo, un suboficial del Ejército nicaragüense respaldado por la dictadura de Anastasio Somoza, que por entonces enfrentaba la ofensiva del Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN).

En un estadio abarrotado, buena parte de la concurrencia eran miembros de la sangrienta Guardia Nacional (desintegrada tras el triunfo de la Revolución Sandinista) que calentaron la previa disparando al aire y vivando a Gazo y a Somoza.

Con semejante ambiente, no fue mucho lo que pudo hacer Castellini, que incluso fue amenazado de muerte durante uno de los descansos del combate. Finalmente cayó por puntos y entregó el título al nicaragüense. El festejo del público fue, otra vez, con disparos al aire. “Creo que Tito Lectoure cometió una de los fallas máximas de su carrera llevándome a boxear ahí”, aseguró tres décadas después.

Miguel Ángel Castellini, en uno de los gimnasios de su academia de boxeo. (Foto: Hernán G. Rojas)

Si bien Cloroformo siguió combatiendo tres años y medio más e hizo una prueba más en Europa (fue noqueado en Dinamarca por el ugandés Ayub Kalule, quien luego sería campeón mundial), su llama se fue apagando tras la derrota con Gazo, ante quien tuvo revancha en septiembre de 1980, cuando el nicaragüense ya había cedido el título: lo venció por nocaut en el Luna Park. Tras ese triunfo, colgó los guantes.

Tras el retiro, nunca se desvinculó del boxeo. Fundó y dirigió hasta su muerte la Academia de Boxeo Miguel Ángel Castellini, pese a que en los últimos cuatro años había sufrido siete accidentes cerebrovasculares. Casado y padre de tres hijos, en 2011 recibió en el Salón de las Provincias del Congreso el Premio Delfo Cabrera al Deportista Ejemplar, un reconocimiento otorgado por el Senado de la Nación desde 1999.

FK

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