Pfizer para adolescentes: por qué a algunos se les hincha el brazo y qué otros efectos secundarios puede provocar la vacuna

La vacuna de Pfizer, que utiliza la tecnología de ARN mensajero, se aplica en nuestro país a adolescentes de entre 12 y 17 años. En nuestro país el 46,8% de los chicos de ese grupo etario ya recibió la primera dosis y el 10,7% tiene el esquema completo, según datos del Ministerio de Salud de…

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La vacuna de Pfizer, que utiliza la tecnología de ARN mensajero, se aplica en nuestro país a adolescentes de entre 12 y 17 años. En nuestro país el 46,8% de los chicos de ese grupo etario ya recibió la primera dosis y el 10,7% tiene el esquema completo, según datos del Ministerio de Salud de la Nación.

Al igual que cualquier medicamento, todas las vacunas tienen un potencial para generar posibles efectos secundarios. Cuando un agente externo ingresa al cuerpo, siempre existe la posibilidad de que nuestro sistema inmune reaccione ante la llegada del antígeno porque las células tienen la capacidad de detectar y atacar cualquier organismo que les resulte desconocido. En la Pfizer, dos de esos efectos son el de “brazo hinchado” o linfadenopatía y el otro la miocarditis.

Cabe aclarar que la vacuna mostró que es segura en chicos de 12 a 15 años y que produce una respuesta inmune mayor que en adultos jóvenes, según los resultados de un ensayo clínico de fase 3 sobre 2.260 adolescentes publicados en la revista científica The New England Journal of Medicine (NEJM). Es “altamente efectiva” contra el Covid-19, señala la publicación. La misma revista mencionó a la linfadenopatía y la miocarditis como efectos secundarios que aparecieron en los adolescentes.

“Los eventos adversos no son provocados por la respuesta inmunológica frente a la protección que genera la vacuna (producción de anticuerpos y linfocitos t) sino que son producto de una respuesta previa e inespecífica denominada reacción inflamatoria del tejido”, explica Mario Lozano, virólogo del Conicet, en diálogo con Clarín.

Y agrega “se vincula con un mecanismo que refleja la activación de macrófagos y otras células en el sitio de inoculación donde median distintos efectos sistémicos”. Esto significa que el hecho de tener más hinchazón en el brazo o un dolor de cabeza tras el pinchazo no implica necesariamente que el individuo desarrolle una mejor inmunidad.

La vacuna de Pfizer demostró ser segura y efectiva en el grupo de 12 a 15 años.

Por su parte, Jorge Quarleri, bioquímico e investigador del Conicet, indica que pueden no presentarse con la infección por coronavirus ni aparecer tan floridos como ocurre tras la inoculación. “Deben verse de manera positiva, como un preludio necesario para una respuesta inmune efectiva.

Casi siempre, son leves y transitorios e indican que la vacuna está haciendo su trabajo de generar la producción de interferón, el estimulador inmunológico incorporado en el cuerpo”, señala.

Un espectro de posibilidades

Los efectos adversos son estudiados e informados por medio de los Sistemas de Notificación de Eventos Adversos a las Vacunas (VAERS, por sus siglas en inglés), y del sistema V-Safe de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos basado en evidencias que se remiten después de la inmunización.

Varían considerablemente según la edad. “En la población adolescente están más acentuados que en los adultos porque tienen un sistema inmunológico más robusto y potente. Se observan más con la segunda dosis”, puntualiza Arnaldo Casiró, jefe de Infectología en el Hospital Álvarez.

Entre el abanico de posibles efectos adversos de las vacunas contra el Covid abundan una serie de trastornos leves y pasajeros que atraviesa desde dolor en la zona de la inyección hasta mareos, cansancio y fiebre.

Pero, más de uno se alarmó ante la presencia, en menor frecuencia, de otros que les resultaban desconocidos. “El susto no fue a nivel particular, sino también entre profesionales sanitarios que realizan pruebas para la detección de tumores de forma rutinaria”, comenta el infectólogo y máster en Salud Pública, Carlos Di Pietrantonio.

Es que hay evidencias enviadas a VAERS que sugieren un mayor riesgo de miocarditis (inflamación del músculo cardíaco), y pericarditis (inflamación del tejido que rodea al corazón) tras la vacunación con plataformas en base a ARN mensajero, especialmente después de la segunda dosis. También de linfadenopatía (inflamación de los ganglios linfáticos) que no acredita seriedad particular.

Los expertos entrevistados coinciden en que estos efectos secundarios no conspiran contra la eficacia de la vacuna y en que son infrecuentes, no reportan gravedad y desaparecen con el paso del tiempo. Sin embargo, recomiendan consultar al médico para que monitoree los síntomas.

“De todas formas, la evaluación estadística entre riesgo/beneficio, muestra que los beneficios conocidos de las vacunas contra el COVID-19 autorizadas superan sus riesgos conocidos y potenciales”, reflexiona Di Pietrantonio.

Ante la consulta de Clarín, el laboratorio de Pfizer aseguró que “con cientos de millones de dosis administradas en todo el mundo, el perfil de riesgo de beneficio de su vacuna es positivo”.

Y detalló: “Los eventos adversos reportados son similares a los que se registraron en mayores de 16 años. Se trata de eventos sistémicos generalmente leves a moderados y transitorios (1-2 días). Se seguirá vigilando a los participantes para comprobar la protección y la seguridad a largo plazo durante otros dos años, después de la segunda aplicación”.

¿En qué consiste la linfadenopatía?

Martín Stryjewski es jefe de internación del CEMIC y miembro de la comisión directiva de SADI. Define a la linfadenopatía como la inflamación de uno o más ganglios linfáticos en la axila o en el cuello del lado donde se recibe el pinchazo. “Es un efecto poco común que suele aparecer 2 o 4 días luego de la aplicación y se resuelve dentro de los diez días, sin complicaciones en la mayoría”.

Los ganglios protegen al cuerpo de infecciones, actúan como filtros atrapando virus y bacterias. “La reacción inflamatoria es inespecífica y pretende atacar cualquier sustancia extraña al cuerpo. La respuesta inmunológica viene después y no tiene una relación directa con esta respuesta previa”, aclara Lozano.

Casiró añade que suele verse con Pfizer y Moderna y que “se genera por la reacción inmunológica que produce la vacuna en el organismo”. Y Quarleri ilustra que “tras recibir la vacuna para COVID se genera un “componente extraño” (proteína S del) que al pasar por el ganglio linfoide más cercano al sitio de inoculación podrá entonces producir la linfadenopatía”.

“La afectación del estado normal de los ganglios linfoides conlleva una inflamación -aumento de su tamaño y dolor a la palpación- que obedece al aumento en el número de células en su constitución y responde a la estimulación de las terminales nerviosas al tacto. Si perdura por un período prolongado de tiempo -6 semanas-. debe consultarse al médico para su evaluación”.

Aunque infrecuente, la linfadenopatía fue esperada y está incluida en la ficha técnica de las vacunas. En adolescentes, según el estudio publicado en julio pasado en NEJM (Robert Frenck y col), fue infrecuente en quienes recibieron la vacuna (9 sobre un total de 1131 (0,8%) y el placebo (2 de los 1129 (0.2%). Este mismo efecto ya había sido reportado con un 0,2% en adultos jóvenes (16-25 años).

¿Qué es la miocarditis?

Quarleri define a la miocarditis como la inflamación del músculo cardíaco que puede estar acompañada también por la inflamación de la fina capa que lo recubre. “Este trastorno puede afectar el sistema eléctrico del corazón, reduciendo su capacidad de bombeo y provocando ritmos rápidos o anormales.

Suele presentarse como dolor en el pecho, y fatiga. Aunque esta asociación puede resultar alarmante, es importante destacar que el riesgo de desencadenar miocarditis es mayor al padecer Covid”, resume.

“Es un cuadro serio que cede en cuestión de semanas. De alguna manera, es también una respuesta inmune. Además de los anticuerpos que produce para enfrentar el virus, el sistema inmune fabrica otros que reaccionan contra tejidos y causan un efecto dañino.

No hubo fallecimientos de chicos por miocarditis producida por vacunación. Es un trastorno de una frecuencia muy baja que no cuestiona la necesidad de seguir vacunando”, agrega Jorge Geffner, investigador del Conicet e inmunólogo.

Es que el riesgo de desarrollarla tras haber recibido la vacuna Pfizer es muy bajo. Dos grandes investigaciones de Israel indican que los adolescentes y los varones jóvenes (16-19 años) tienen un mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. Pero, incluso en este grupo, la gran mayoría de los casos son leves y las personas se recuperan rápidamente.

Uno de los estudios de vigilancia (Mevorach y col, publicado en el NEJM, el pasado 6 de octubre) implicó más de 5 millones de personas mayores de 16 años que habían recibido la vacuna Pfizer-BioNTech COVID-19; entre ellos, 136 desarrollaron miocarditis.

El otro estudio (Witberg y col., NEJM, del 6 de octubre pasado), sobre más de 2,5 millones de personas mayores de 16 años que recibieron la vacuna, identificó solo 54 casos de miocarditis.

Ambas investigaciones reportaron que hasta 4 de cada 100.000 hombres desarrollaron miocarditis después de recibir su segunda dosis de la vacuna Pfizer-BioNTech, pero la incidencia en las mujeres fue de menos de uno en 100.000.

Pero los hombres jóvenes de entre 16 y 19 años tenían una probabilidad de 11-15 entre 100.000 de desarrollar miocarditis después de la segunda inyección. La gran mayoría de estos casos fueron leves y finalmente se resolvieron.

MG

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