Una extraña escuela en San Pedro: tiene sólo dos alumnos y sus padres viven en un aula

La escena es propia de un ámbito marginal, pero ocurre en uno educativo. En una escuela rural de San Pedro, provincia de Buenos Aires, donde los docentes iban a dejar de cobrar el plus por ruralidad, porque la zona se quedó sin población e iban a ser reubicados, denuncian que “instalaron” a una pareja de caseros,…

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La escena es propia de un ámbito marginal, pero ocurre en uno educativo. En una escuela rural de San Pedro, provincia de Buenos Aires, donde los docentes iban a dejar de cobrar el plus por ruralidad, porque la zona se quedó sin población e iban a ser reubicados, denuncian que “instalaron” a una pareja de caseros, que comen y duermen en el aula, junto a una garrafa.

Dos de sus hijos son los únicos alumnos y una de las maestras, que además sería concejal, va una vez por semana a dar clases. Pero cobra dos salarios.

La escuela se fue quedando sin alumnos porque la población cercana emigró. Foto: LaNoticia1

La historia la dio a conocer esta semana lanoticia1.com, que habló con la pareja. “Tanto la madre como su hija de 14 años están embarazadas. Y el único ingreso que tienen son subsidios del Estado. Viven dentro de un aula, donde duermen como “presos” junto a una garrafa. La directora no les habla”, detalló el medio.

El escenario es la Escuela N°32 del paraje La Bolsa, en el partido de San Pedro. Ubicada en un camino rural, a más de 40 kilómetros del centro de la localidad, fue perdiendo estudiantes hasta quedarse sin alumnos. La Jefatura Distrital de Educación, que conduce Marcela Lucchesi, propuso que el edificio no se cierre utilizando la figura de “cuidadores”: la pareja que aportó los únicos dos alumnos de la institución.

Clarín intentó contactar a Lucchesi, pero no obtuvo respuesta. Según dijeron a este diario desde el Ministerio de Educación bonaerense, la normativa que regula esta figura, la de “caseros” o “cuidadores”, es la resolución 1782 de la Dirección General de Cultura y Educación de la Provincia. Sin embargo, en el caso de esta escuela, no se habría tratado de un contrato, sino de un acuerdo.

El estado del edificio de la escuela, que finalmente se cerrará. Foto: LaNoticia1

“Es un acuerdo de uso precario y ante la necesidad o el incumplimiento de las partes se puede revocar en cualquier momento. No son ‘caseros’. Es un permiso de uso precario de la vivienda. El uso de esta figura se usa en las zonas rurales y en escuelas muchas veces sin actividad escolar por falta circunstancial de matrícula”, explican.

Según pudo saber Clarín, precisamente se utiliza esta figura en caso que un inmueble quede en desuso temporariamente, para evitar usurpaciones, vandalismo o deterioro. Pero lo insólito es que esto sucede en una escuela.

María Macchi, la mujer que vive en el aula junto a su marido y sus cuatro hijos, dijo que fueron a buscarlos a Entre Ríos, en una camioneta municipal, para instalarlos en la institución. La familia había viajado a esa provincia para participar de una toma de terrenos.

El aval para que esta familia termine viviendo en una de las aulas necesitó varios “sí” de diferentes autoridades. Primero, la aprobación de la coordinación del Consejo Provincial de Educación y Trabajo. Segundo, la de la la Secretaría de Seguridad. Tercero, la de la cúpula distrital educativa.

¿Por qué llegó esta familia en particular desde otra provincia? Como la nena, de 14 años, estaba embarazada, requirieron asistencia al municipio para volver a San Pedro. Así, un móvil de Inspección hizo el viaje San Pedro – Gualeguaychú – Santa Lucía y trajo de vuelta a esta familia, con parada definitiva en la escuela.

El circuito legal para un procedimiento de este tipo hubiese sido presentar la documentación dirigida a la directora de la escuela y recién ahí, con la aprobación de la Dirección de Inspección, se derivaría al Consejo Escolar para que lo remitiera al Ministerio de Educación en La Plata, a cargo de Alberto Sileoni, y se dé curso a un expediente.

Acá sólo comunicaron que la familia ya estaba “adentro”.

Está ubicada en una zona rural en la que, antes de que trajeran a la pareja de caseros, ya no había alumnos. Foto: LaNoticia1

A las y los maestros que se desempeñan en el campo se les paga una suma extra conocida como “ruralidad”, una retribución por la desfavorabilidad que tiene la escuela. El plus es del 120%.

En cuanto a la maestra que va una vez por semana, ejercería como profesora de Educación Física para las clases de gimnasia de los dos únicos alumnos que tiene el establecimiento.

María dijo que el único sustento que tienen son los subsidios del Estado y que el único beneficio por estar ahí es tener “un techo en el aula” y que sus hijos tengan clases. Pero no lo vive como una ventaja.

Los dos alumnos de esta escuela, los hijos de María, son los que tienen 7 y 10 años. Los otros dos, uno de 5 y otra de 14, no están escolarizados. Esto es así porque la escuela en la que viven sólo es primaria.

“Esto es un desastre, nos queremos ir de acá”, dijo la mujer. En las fotos se ven colchones sin sábanas, frazadas agujereadas y paredes y techos castigados por la humedad.

Las clases, una vez por semana, se dan en el aula contigua a la que eligieron para ubicar las camas y la garrafa.

“Como las dos (por su hija mayor) esperamos familia necesitamos ir al médico. Y estando acá estamos muy lejos. El otro día se golpeó mi nene y no tengo como llevarlo al hospital. Para esto prefiero vivir en una casilla o en un rancho”, admitió a ese medio.

“Más allá de esta situación actual, la DGCYE junto con el Ministerio de Desarrollo de la comunidad están trabajando para encontrar una solución habitacional para esta familia”, dijeron a Clarín las autoridades.

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