Nuestro interior en pedazos

En la canción “Once In a Lifetime”, de Talking Heads, que indaga el sabor volcánico y falsamente deseado del American Dream, el personaje principal se hace una serie de cuestionamientos: “Y te preguntás/¿Qué es esa hermosa casa?/Y te preguntás/¿Hacia dónde va esa autopista?/ Y te preguntás/¿Estoy en lo cierto? ¿Me equivoco?/Y decís para vos/¡Dios mío!…

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En la canción “Once In a Lifetime”, de Talking Heads, que indaga el sabor volcánico y falsamente deseado del American Dream, el personaje principal se hace una serie de cuestionamientos: “Y te preguntás/¿Qué es esa hermosa casa?/Y te preguntás/¿Hacia dónde va esa autopista?/ Y te preguntás/¿Estoy en lo cierto? ¿Me equivoco?/Y decís para vos/¡Dios mío! ¿Qué hice?”. Es un momento que los orientales consideran como un satori (una iluminación) y que William Burroughs llamaba el instante del “almuerzo desnudo”: aparece la realidad tal cual es y el ser humano comprende que está frente a un abismo al cual no sabe cómo llegó. ¿Qué hacer? Precipicio o límite: esa instancia es una revolución interna que obliga a replanteos, introspecciones y búsqueda de respuestas en la oscuridad, sin mapas, sin brújulas a la vista. La lucidez, el discernimiento y la certeza parecen utopías.

En ese punto existencial se encuentra la protagonista de la novela gráfica Familia de la arquitecta y dibujante Júlia Barata (Portugal, 1981). Piensa, mientras da unas vueltas a la noche, escucha música y recoge unas flores: “Necesitaría ponerle pausa a todo un rato…No trabajar, no ser mamá, no nada…Unos días, unas semanas…” La pregunta es: ¿A qué velocidad va la vida? Y esto arrastra otra pregunta: ¿Es necesario seguirle el ritmo? La opresión toma múltiples formas mentales (ansiedad, falta de sueño, neurosis extrema) en los tiempos que corren.

Barata se mete en el corazón de una crisis personal cuando todo pareciera ir como corresponde a la ilusión húmeda de la clase media: un matrimonio unido, un hijo sano, realización profesional, un exilio buscado y exitoso, un círculo de amistades. Ahora bien, ¿eso es todo a lo que puede aspirar una vida? ¿Dónde está la trampa de la adultez en el siglo XXI? En ese sentido, la protagonista parece ser presa de los múltiples estímulos que van apareciendo en el camino (drogas, promiscuidad, despreocupación, en fin, otra ilusión: una vida sin ataduras de ningún tipo), a los que quiere seguir (¿las piezas de experiencias disolutas aspiran a completar una vida que se pretende entre algodones?), pero se encuentra sujeta a un tipo de destino que armó y sostuvo y ahora parece estar en desarmándose.

La solidez da paso a la fragilidad, la dureza ingresa en un periodo de resquebrajamiento y emerge el desconcierto como única respuesta. Por eso es posible leer esta historia como una reflexión sobre el tiempo: ¿cómo detener lo que no se puede detener: el paso de los días. La autora se desentiende de la viñeta como formato clásico para darle prioridad al uso de toda la página como zona donde por momentos aparece una solución posible y por momentos no se encuentra un punto de fuga. La página, entonces, como reflejo de parálisis y de la imposibilidad de tomar una decisión: una zona donde no se encuentra el fondo, el último escalón. Desde ese lugar, el uso que hace de las manchas, y del negro y el blanco también aportan un vuelo cromático para a comprender un estado interior.

Conviene preguntarse si Familia (que dialoga en muchos sentidos con otra excelente novela gráfica que acaba de aparecer: Inframundo de Xina Ocho) se maneja en el terreno de lo generacional (autoexigencia desmedida, automedicación descontrolada, desolación por no responder a modelos autoimpuestos, burnout) o simplemente es el reflejo de la pertenencia problemática a una clase social. En cualquier caso, Familia es una historia en que el cuestionamiento a una época plagada de peligros y tensiones (reales o imaginarios) es insoslayable y el diálogo con el presente es directo. Un presente en el que ninguna institución social (la familia, por ejemplo) satisface al individuo.

Familia, Júlia Barata. Sigilo/Musaraña, 244 págs. $2.100

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