Martes 13: entre el 12 y el 14, el 13 es el número innombrable

En una conspiración internacional que arranca con La Última Cena y continúa con la hoguera de los Templarios el 13 de octubre de 1307, el miedo al número 13 es tan antiguo que en el mundo helénico ya se lo había bautizado como triscaidecafobia (fobia al 3 y 10) y estigmatizado como la suma de todos…

En una conspiración internacional que arranca con La Última Cena y continúa con la hoguera de los Templarios el 13 de octubre de 1307, el miedo al número 13 es tan antiguo que en el mundo helénico ya se lo había bautizado como triscaidecafobia (fobia al 3 y 10) y estigmatizado como la suma de todos los males.

Fueron sin embargo los malos lectores del mundo griego quienes asociaron a Marte (el dios de la guerra) con el 13, como si la “guerra” (filosóficamente hablando) fuera una desgracia. Algo que ni remotamente pasaba por la psiquis de un griego, ya que en el Mediterráneo la guerra no era solamente enfrentamiento armado sino cambio incesante, el juego de oposiciones que subyace en la naturaleza misma (al invierno sucede el verano; al día, la noche).

Judas Iscariote era el invitado número 13 y ahí empezaron todas las desgracias para los católicos.

El 13 ¿es suerte o desgracia?

Desde Heráclito hasta Alejandro Magno, la guerra era el vehículo hacia “un nuevo orden cósmico, único y bello”, como explicaba el legendario Adolfo Carpio en sus clases magistrales en la Universidad de Buenos Aires. Y ese canto de guerra marcial (“polemos”) era la discordia que preludiaba la justicia final, la unidad de los contrarios, la racionalidad que en definitiva y a la postre lo envuelve todo.

Pero nada de todo esto contempló quien unió a Marte con el número 13 y, muchos siglos más tarde, al martes 13 con el peor de los escenarios posibles.

El 13, el innombrable

Y esa superstición salpicó incluso los cielos de otros credos, desde el Valhalla vikingo hasta la cábala judía.

A tal punto, que el islamismo decidió despegarse del asunto: “No hay nada que indique en el Corán y la Tradición Profética que este número deba ser considerado como mala suerte en ninguna forma”, aseguran voces acreditadas de esafe.

Si bien para los países anglosajones las desgracias suceden un viernes 13, para España y los países de habla hispana, “el día de la yeta” es el martes 13. Fue un martes 13 de junio de 1276 cuando Valencia cayó en poder de los musulmanes, entre unos cuantos otros.

Muchas viviendas omiten el número 13.

“El día 13 es un día ordinario, como cualquier otro y cualquier cosa que suceda en tales días sucede por decreto divino; Allah decretó que debía suceder en ese día y de tal forma. Si una persona intenta gastar su tiempo contando los números de los días o fechas en las cuales les sucedieron calamidades a los musulmanes, puede ser que encuentre algunos patrones repetidos en algunas instancias, pero esto no tiene nada que ver con la ‘mala suerte’”, corta por lo sano el credo islámico.

La mala prensa del 13 fue tal que hasta los legendarios asirios y caldeos, a quienes podría atribuirse el primer copyright del orbe tal como lo imaginamos, pensaron que en el mapa astral sólo había lugar para 12 casas zodiacales y, de ninguna manera, ni una más.

Los egipcios, en cambio, si bien pensaron en el 13 como el último peldaño del ciclo vital –la muerte-, no lo vistieron de negro ni lo invistieron de malos presagios sino que hicieron del 13 el umbral de una nueva vida, mejor, inmortal junto a Ra.

Entre el 12 y el 13, nada

“El corazón tiene razones que la razón ignora” explicó Blaise Pascal y así las cosas, la racionalidad de Occidente no ha sabido superar el mal augurio que persigue al número 13. Y sencillamente para evitar toparse con un 13, no son pocos los que toman sus recaudos:

  • Comenzado por el legendario Empire State Building, en Estados Unidos, casi ningún edificio tiene piso 13. Una costumbre que también comenzaron a replicar hoteles y hospitales. 
  • Algunas ciudades no tienen calle 13, superstición que contradictoriamente, no alcanza a Nueva York.
  • La fábrica de ascensores Otis no tiene tableros que indiquen piso 13. Del 12 se pasa al 14, sin pudor ni escalas.
A la Infanta Cristina le correspondía el DNI número 13 -curioso sistema de identificación de la realeza española. Para evitar desgracias, le otorgaron el 14; sin embargo, no eludió las sospechas de corrupción que la salpicaron junto a su esposo Iñaki.

  • El compositor Arnold Schönberg, creador de la música dodecafónica, tenía pánico al número 13. El destino quiso sin embargo, que naciera un 13 de septiembre de 1874 y muriera el 13 de julio de 1951, cuando tenía 76 años (7 +6 = 13).
  • Y aunque suene a exageración, siguen las sorpresas: Joaquín Sabina (Alivio de luto), el grupo uruguayo No te va a gustar y el dúo español Estopa, entre otros, editan discos que saltan de la pista 12 a la 14 o disimulan la 13 como bonus track.
  • La misión Apolo XIII de la NASA partió el 11 de abril de 1970, pero una explosión imprevista los obligó a abortar la misión.
La Misión Apolo XIII quedó en la nada, pero no hubo que lamentar fallecidos, como en el Challenger, que no tenía un 13.

El Empire State Building, en Nueva York, no tiene piso 13.

En la historia de la aviación espacial de Estados Unidos Apolo XIII quedó como una misión fatal, sin embargo no hubo que lamentar fallecidos, como los siete que se cobró el Challenger, que se desintegró a los 73 segundos de haber despegado el 27 de enero de 1986. La sumatoria de cifras vinculadas al Challenger no arroja un 13 ni ninguno de sus múltiplos.

  • Ningún avión de caza en Estados Unidos lleva el número 13.
  • No sólo en la aviación sino también en el motociclismo y el automovilismo ningún vehículo lleva el número 13.
  • En la Fórmula 1, casi ningún piloto se identificó con el 13. Una excepción fue el venezolano Pastor Maldonado, que se retiró de la competición, tras haber ganado en el año 2014.

En el automovilismo, el número 13 es casi innombrable. Sólo se le animó el venezolano Pastor Maldonado, en 2014, su última carrera en Fórmula 1.

El Office 2010 era la versión número 13 del paquete, pero le cambiaron el nombre.

  • Madrid va por su línea de Metro número 14, pero nunca tuvo la 13.
  • Las compañías aéreas también eluden la fila de asientos número 13. Entre ellas se encuentran Emirates, Copa Airlines, Iberia y Alitalia.
  • En el tarot, la carta número 13 corresponde a La Muerte.

Aunque se rija por el rigor de las matemáticas, el mundo de la informática no es ajeno a las cábalas. Microsoft saltó de la versión 12 de su paquete Office, el 2007, a la versión 14, que fue el Office 2010.Y lo mismo hizo el canadiense Michael Cowpland con su programa de diseño Corel, al cambiarle la denominación cuando le tocaba usar el 13: combinó números romanos con arábigos y quedó CorelDRAW X3.

Al fin de cuentas hay razones que ni la razón comprende.

MM / ED

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