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Con tres golpes de knockout para el kirchnerismo, se desbloquea el Consejo de la Magistratura

El contundente triunfo de Javier Milei en el balotaje lo depositará este domingo en la Casa Rosada con un inédito respaldo popular, históricamente incongruente con la amarga receta que prometió a sus electores. Para administrar ese jarabe, el nuevo presidente necesita controlar varios mecanismos institucionales ajenos a aquella avalancha de votos.

Más difícil todavía: el mismo soberano que encumbró a Milei en las PASO de agosto y el balotaje de noviembre, prefirió a los listas peronistas en las generales de octubre, dejando un Congreso endemoniado para el libertario.

Pero el inestable mapa político, más parecido a un mosaico, tiene un reflejo invertido en un órgano clave para el Poder Judicial y para la agenda política de Cristina Kirchner: el Consejo de la Magistratura de la Nación.

El organismo creado por imposición de Raúl Alfonsín a Carlos Menem en las negociaciones del Pacto de Olivos previo a la reforma constitucional de 1994, es el encargado de seleccionar a los candidatos para ocupar juzgados y tribunales nacionales y federales, trazar los requisitos, tomas pruebas y entrevistas, y confeccionar las ternas de postulantes para que el Ejecutivo elija un nombre de cada una y lo envíe al Senado para su aprobación final.

Tan importante es el Consejo para los políticos que apenas se afirmó en el gobierno, a fines de 2005, Néstor Kirchner apuntó sus cañones hacia allí, y a través de un proyecto presentado por su esposa el en Senado dejó al Consejo bajo el control del gobierno a través de un cambio en su integración.

El antecedente no es caprichoso: aquella modificación, que había bajado de veinte a trece la cantidad de consejeros y alterado la representación de los distintos estamentos -jueces, abogados, legisladores y académicos- desactivó cualquier atisbo de independencia en el proceso de designación de jueces. Ni hablar de sancionarlos o removerlos.

Ese apagón fue otra jugada pensada para favorecer el festival de corrupción que duró hasta el último día del gobierno de Cristina.

Pero a fines de 2021, luego de años de tener dormida en un cajón la carpeta con el reclamo, la Corte Suprema de Justicia sentenció que aquella reforma del Consejo había sido inconstitucional, y que si en seis meses no se sancionaba una nueva ley, el organismo recuperaría su diseño original.

No hubo nueva ley, y entonces la Magistratura volvió al plantel de veinte consejeros presididos por el titular de la Corte, que también había sido eyectado en la versión anterior.

El número mágico para aprobar ternas de jueces o eventuales jurys de enjuiciamiento a magistrados con mal desempeño es de trece votos, una mayoría inalcanzable hasta ahora para la oposición anti K, frente a un bloque conformados por cristinistas de la línea más dura.

Ese veto estratégico, que impidió cientos de designaciones y paralizó al Consejo, quedará atrás por tres hechos clave que acaban de ocurrir.

El primer de ellos en verdad no pasó aún: es el reemplazo del único representante del Poder Ejecutivo, que ahora es el hermano de Wado de Pedro, Gerónimo Ustarroz, por un enviado de Milei, que posiblemente sea el abogado Diego Guerendiain, cercano al designado ministro de Justicia Mariano Cúneo Libarona.

Pero además, la Corte ratificó este jueves los argumentos y la validez de su propia sentencia, por la que reconocía a Luis Juez como legítimo representante de la segunda minoría del Senado, en nombre del PRO. Por esa indefinición ahora resuelta, el Consejo venía funcionando con diecinueve integrantes.

El tercer golpe a la línea Maginot K fue la renuncia del diputado electo Maximiliano Guerra a asumir su banca, luego de una vacilación previa la semana pasada. En lugar del ex bailarín, permanecerá en la Cámara el larretista Álvaro González, que también es consejero de la Magistratura con un mandato de cuatro años.

Juez, González y Guerendiain -o quien sea nombrado en su lugar- se sumarán al senador Eduardo Vischi, la diputada Roxana Reyes, los jueces Agustina Díaz Cordero, Diego Barroetaveña y Alejandra Provítola, y los abogados Jimena De la Torre, Fernanda Vázquez y Miguel Piedecasas.

A ellos podrían agregarse los dos académicos, referenciados con el ex consejero y actual rector de la Universidad de Lomas de Zamora, Diego Molea: Hugo Galderisi y Guillermo Tamarit. Aunque Molea es cercano a Segio Massa, antes que eso es perspicaz. Y los consejeros -sobre todo Tamarit- tampoco dejan que sus manos sean manejadas por control remoto.

La suma de todos ellos da trece. Y aún falta el voto de Rosatti. Del otro lado del muro quedarán los senadores María Inés Pilati de Vergara y Mariano Recalde, los diptuados Vanesa Siley y Rodolfo Tailhade, el abogado Héctor Recalde y el juez Alberto Lugones, a quien sin embargo desde el otro bloque también ven con una garrocha debajo del escritorio.

Desde luego, si el Consejo lograra concretar una ola de ternas, y Milei eligiera entre ellas en tiempo récord, los pliegos caerán en aquel mosaico del Senado, donde los bloques crecen y se desvanecen diariamente.

Un detalle para desprevenidos: luego de meses de incomprensible espera, la resolución de la Corte sobre Luis Juez fue tomada este jueves, y debe ser ejecutada en un plazo de cinco días hábiles por la presidencia del Senado, que debe firmar esa designación. Justo en esos días, la dueña de la silla pasará a ser Victoria Villarruel. Y ya no Cristina Kirchner.

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