viernes, 13 febrero, 2026
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Juan José Campanella estrena Parque Lezama en cines: su relación con Netflix y por qué es secreto quién le pone la voz a Mafalda

Hace unos años Juan José Campanella me revelaba que se había quedado sin ganas de hacer cine. Los problemas de financiación, por un lado, y la baja de espectadores en las salas en todo el mundo lo asumían en una duda, nada menos al último argentino ganador de un Oscar para la Argentina por El secreto de sus ojos.

La verdad es que el director de El hijo de la novia y El hombre de tu vida está trabajando mucho más en los Estados Unidos que en su propio país. Algo que cambiará cuando el jueves que viene estrene Parque Lezama, la película que realizó y que se basa en la obra de teatro homónima, y en la que volvió a dirigir, como en el teatro, a Luis Brandoni y Eduardo Blanco.

Campanella ahora está en Nueva York, haciendo frente a un frío gélido -ya contará cómo las tormentas de nieve afectan o no la grabación de la serie que está dirigiendo-. Y se hizo un espacio para atender a Clarín vía Zoom, desde su departamento en Manhattan para hablar de Parque Lezama, sí, pero también de Mafalda, la serie animada, de su relación con Netflix y de la problemática crucial que afronta hoy el cine argentino.

Campanella no dirigía una película para cine desde 2019, cuando estrenó aquí El cuento de las comadrejas. Sí realizó mucha TV, más que nada en los Estados Unidos, como varios episodios de La ley y el orden: Unidad de Víctimas especiales.

Filmando en una Nueva York bajo nieve

-¿Cómo viene “La ley y el orden”?

-Estoy haciendo el cuarto de los cinco capítulos que tengo esta temporada, así que viene bastante bien. Nos estamos concentrando en menos directores, pero que conozcan realmente el programa, no solo para eficientizar, porque cada vez que hay que cambiar, cuando queremos cambiar algo, o ir por una dirección distinta para mantener el programa fresco, es mejor los que ya conocen lo que se hizo. Trabajamos todos con mucha confianza. La verdad que es muy lindo, es muy buen ambiente de trabajo.

-¿Y las tormentas? ¿Tuvieron problemas para filmar?

-Sí, sí, sí, es complicado. Pero como La ley y el orden transcurre en Nueva York, y se filma de acuerdo a la temperatura y a la estación que estamos viviendo… Hay una escena en la que tengo una corrida de los protagonistas por casi 60 metros, que estoy pidiendo por favor que nadie toque la nieve, así van dejando las huellas a medida que van corriendo. Sí, hay una profundidad de nieve así (hace señas con los brazos), así que sí, va a estar lindo, va a estar lindo.

Campanella y el récord de «Parque Lezama»

-Juan, ¿cuántas funciones hiciste de “Parque Lezama” en total?

-Armé una base de datos de teatro desde el 2010 hasta ahora. Te digo una cosa: es la obra que más espectadores tuvo después de Toc Toc, desde el 2010 hasta ahora. Y si le agrego las 100 funciones de España, tuvo 1.170 funciones, y la vio un total de 383.188 espectadores.

-¿Y en qué función te dijiste “voy a hacer una película”?

-Cuando faltaban dos semanas para terminar las funciones para siempre. La cosa fue así. Estábamos terminando ya, era muy agotador para Beto (Brandoni) también seguir con la obra, y dije “yo la quiero ver desde cerca”, porque no la había visto nunca desde cerca. La veía desde los palcos del primer piso del Liceo (donde estrenó) o desde la última fila del Politeama. “Me siento en la fila 5 a verla con el público, a verla bien de cerca”. Y descubrí el primer plano de la obra, que no la había visto nunca. Y dije, “un momento, el cine tiene mucho para aportarle a esto”, porque realmente tienen una profundidad las caras de los dos…

Y además hay otro factor, que es que en la obra de teatro uno mira al que habla, los ojos se te van al que habla. Tenés que estar muy pendiente, ser una persona de teatro para ver qué piensa el otro, para mirar al que no habla. Y en el cine yo puedo controlar a quién miran. Miran al que yo quiero.

Y a veces lo que transmiten con la mirada, lo que transmiten al escuchar, tanto Beto como Eduardo (Blanco), es fuertísimo. Y la verdad es que son dos factores que hacen que la película tenga una dimensión emocional mucho más fuerte que la obra de teatro.

-Pero no hay aperturas en cuanto a ver flashbacks, ni nada por el estilo.

-No. Es en el Parque Lezama. Transcurre en 120 metros cuadrados, te diría.

-A lo mejor uno podía pensar o suponer que al trasladar la obra de teatro al cine, a lo mejor se abría un poco. No te digo con flashbacks, pero con situaciones que no pasan justamente en el Parque, como en el edificio donde estaba viviendo el personaje de Eduardo. ¿Por qué decidiste hacer la obra tal como estaba?

-Mirá, vos sabés que la obra está basada en una obra americana, I’m Not Rappaport, de Herb Gardner, de la cual se hizo una película ya, dirigida por el autor. Y creo que él tomó esas decisiones en su película, que son las que uno hubiera pensado. Hay escenas en el departamento, en el edificio, hay escenas en la carnicería, cuando él arma la revolución… Y pierde, pierde, pierde (menea la cabeza). Me parece que quedó mucho más potente ver a los actores contándolo y ver cómo lo cuentan, porque lo que importa no es tanto lo que les pasa, sino cómo lo viven.

La escena que fue más difícil que la del estadio en «El secreto de sus ojos»

No es claustrofóbica en absoluto, porque son 120 metros, pero en el fondo en el Parque tenés un kilómetro de cada lado. Y la verdad que me dio la oportunidad de realizar un desafío grande: los primeros 50 minutos de la película se va haciendo de noche, frente a nuestros ojos, y no te das cuenta. Y no sabés lo difícil que fue eso. El director de fotografía, Miguel Pérez, uno de los mejores coloristas de Europa, yo lo conozco desde que hizo el color de El secreto de sus ojos, fue colorista de Almodóvar, de Amenábar, un genio. Buscamos referencias, y no las encontramos.

Te digo más, fue más difícil que la escena del estadio de Huracán en El secreto de sus ojos. Teníamos que filmar la escena entera, y la dividimos en tres bloques de ocho minutos, entre las cinco y las seis, entre las seis y las siete y entre las siete y las ocho. Así que teníamos básicamente una puesta de cámara por día. Se filmó a lo largo de dos semanas esa escena.

-Claro, porque aparte no tiene efectos.

-No hay ningún efecto en toda la película. Me gusta mucho que es un poco contracultural, en un momento en que todas las películas tienen cada vez más efectos, cada vez más CGI, cada vez más espectacularidad. Hacer algo que era solo actores y guion me encantó como desafío.

-¿Hiciste storyboards previos, o filmaste con distintas cámaras y en el montaje fuiste eligiendo?

-No, no, no. Yo trabajo con storyboards solamente cuando hay efectos visuales de CGI, porque tiene que ser muy preciso. Es casi la previsualización. Pero acá no hubo ningún storyboard sino lista de tomas, como hice toda mi vida. Pero nada más.

-Digamos que diseño de producción no tuviste tanto, ¿no?, filmando en el Parque…

-Tenía el desafío de que no teníamos cobertura si llovía, al filmar al aire libre. Si te acordás, junio fue un mes en el que llovió mucho. Y cuando llovía no podíamos filmar, había que ir a casa. Fueron cuatro días que tuvimos que suspender. Esperar que se vaya el barro también. Pero sí, fueron los problemas viejos del cine.

Por suerte los actores habían hecho, como te dije, 1.170 funciones. No, no hubiera podido hacerse si no hubieran tenido esos diez años de ensayo. A Beto era como que le entraba un espíritu. Era una cosa increíble.

Una cosa es el teatro, otra el cine

-Pero la actuación no es la misma en cine que en teatro.

-Por supuesto, hay una reducción de la teatralidad.

-¿Privilegiaste algo en la dirección de los actores cuando filmaste la película?

-Mirá, lo que privilegié era la verdad. La verdad, tanto en la adaptación de la obra al guion, saqué cosas que parecían demasiado teatrales, que no eran reales, como cuando comían el sándwich. Cositas que eran como más teatrales. Hay un timing distinto, porque no están las risas del público, que te dan las pausas, lo que hace que en la película se potencie la parte emocional. En las funciones que hicimos con público notamos que había mucha emoción y había un poco menos de risas que en el teatro.

Pero es eso, en el cine tenés que imaginar, tenés que ir más por la verdad, cuando en el teatro podés ser un poquito más pícaro. Podés tirar algún regalito, un caramelo a la audiencia, de esos gestos característicos de Beto, eso que lo va midiendo el actor en cada función con el público. Si ve que el público está de reírse, le tirás un poco más. Acá no tenés público, acá es la historia, es la verdad pura.

-¿Cambiaste alguna otra cosa más en el guion?

-No, fui muy fiel. Saqué siete minutos en total de “peinadas” de tomas,, que creo que no te das cuenta. La obra duraba, sin el intervalo, dos horas, y ésta dura una hora cincuenta y dos, sin los títulos finales, que creo que no los va a ver nadie. Por eso le puse los dibujos, esos que me encantan, para que se queden un poquito.

Netflix, la nueva casa de Campanella

-¿Qué tal la relación con Netflix?

-Excelente, excelente. La verdad es que Netflix medio que se está convirtiendo en mi casa también, porque ahora están dando El hombre de tu vida, Vientos de agua la dan en todas las Américas. La relación es excelente, tanto con Paco Ramos, que lo que me gusta es que te dice sí o no rápido. Él vino a ver la obra de teatro, yo le había dicho que quería hacer la película, y desde la vereda me llamó a la salida: “Hagamos la película”, me dijo.

Pero también en Mafalda estamos teniendo una relación que podría ser más complicada, porque es un programa que ha tenido su etapa de desarrollo, de creación, y la verdad que la relación es excelente, los comentarios son muy atinados, siempre con mucho respeto, la verdad es que estoy muy contento.

-¿No hay ningún tipo de imposición, o de sugerencia?

-No, no la hubo hasta ahora, para nada, para nada. Pero insisto, se manifiesta más en Mafalda, porque en Parque Lezama ya sabían lo que se hacía, lo habían visto. En Mafalda incluso hubo una sugerencia que yo no me había dado cuenta, que fue muy atinada. Nosotros no tenemos la inmediatez del diario que tenía Quino. Las cosas de la animación demoran años.

Y se viene la serie de «Mafalda»

-¿Se estrena en el 2027?

-Sí. Yo creo que con los 10 capítulos no llegamos para el 2026.

-¿Y cómo venís con la animación?

-Hay un capítulo casi terminado, ya estamos con material del segundo capítulo. Pero venimos bien con el cronograma. Hubo una demora en pruebas de animación hasta que encontramos los personajes que respetaban a Quino y que se podían animar. Casi todos los guiones están escritos.

-¿Y las voces?

-Chochísimo, chochísimo. Yo sé que es el desafío más grande, sé que fue el problema más grande también de las versiones anteriores. Todo el mundo está esperando las voces. Hicimos una búsqueda, escuché como más de 900 pruebas, Hay una concepción errónea. Todos empezamos pensando que cada uno tiene su propia voz de Mafalda, y la verdad es que nadie tiene la voz de Mafalda, porque cuando vos lo leías, lo leías con tu voz en tu cabeza, nadie lo leía haciendo una voz. Y en el proceso de audición, de pruebas, cuando apareció, dijimos es ésta.

Yo no quería una voz de Minnie para Mafalda, me la imaginaba con una voz un poquito ronquita, pero además muy buena actriz, que manejara muchísimo la ironía, el sarcasmo, la vitalidad. Y la verdad es que escuchamos muchísimas voces. Como en Metegol, no quería que me dijeran el nombre ni me mostraran la foto de la persona a la que escuchaba en audio. Y por ese motivo tampoco te voy a decir el nombre de quién la dobla ahora. Y los actores lo saben y están de acuerdo.

-¿Vos decís que nadie se va a enterar de quién pone la voz de Mafalda hasta que no estrene en Netflix?

-Exacto, ésa es la idea.

-Bueno, con “Metegol” no pasó eso.

-No, porque en Metegol eran personajes que inventaban, o sea, que iban a ver por primera vez.

-¿Así que todas las voces son argentinas, o hay algún actor de afuera?

-Son todas argentinas, y no se va a haber español neutro, ni español negro, va a ser Mafalda,. Es argentina.

El cine y el streaming

-Volviendo a “Parque Lezama”, vos estrenás la película en salas el 19 de febrero, y en Netflix el 6 de marzo.

-A mí me encantaría que el público, por lo menos aquellos que les gustan mis películas, que la vean en el cine.

-Esta cosa de “la ventana”, las semanas entre el estreno en salas y el streaming, ¿no te parece que es muy acotada? ¿No te convendría que hubiese más tiempo como para que la gente también se acerque a verla en la pantalla grande?

-Sí, sí, sí. Yo esto lo puedo decir porque lo he dicho siempre. No sé cómo funciona. Yo supongo que habrán hecho números. A mí me da la impresión que sacarían más plata si tuviera un buen recorrido en cine, y después sí fuera a la plataforma. Pero obviamente el sistema, el modelo es otro. Va a tener un muy buen lanzamiento para lo que es una película que va rápido a la plataforma.

Una cosa que murió es ver la película dos veces en el cine. Yo todavía soy de los que si quiero ver la película voy al cine, y si no la quiero ver no la veo en ningún lado.

-¿Cuál fue la última película que fuiste a ver dos veces en el cine?

-Fue The Equalizer 3 (con Denzel Washington). Soy fanático, fanático absoluto.

-Vos hace unos años me decías que no tenías más ganas de hacer cine. ¿Qué te llevó a cambiar esa posición?

Parque Lezama me parece que es muy amigable para verlo solo en un cine. Además, me han permitido filmar en 2.41 que era el formato de cine, y yo quería que quede el récord de esta obra, porque no quería que desaparezca. A mí el teatro me gusta muchísimo, pero tiene la cosa de la finitud y no quería que desapareciera.

El problema de hoy es que no es un problema tanto de oferta del cine, el problema es de demanda. La gente se ha acostumbrado a no ir demasiado al cine, ha bajado muchísimo la audiencia, entonces es un riesgo enorme, tenés que tener muchos valores comerciales y muchos valores, esto va a ser cada vez peor a medida que las estrellas vayan cumpliendo 70, 80, 90 años. La estrella más joven es Leonardo DiCaprio, que ya pasó los 50. No salen protagonistas de la tele porque los programas son todos de nicho. Uno puede ver un programa como lee un libro, es decir, el día que yo quiera, el ritmo que yo quiera, me lo leo de un saque, o me lo leo a lo largo de un año. Yo espero que todo esto sea una fase y que haya una reacción, porque es una cosa que han tenido todos los caminos de la vida.

La manera de formar pareja, la manera de relacionarte con amigos, es todo a través de la no presencialidad, y me parece que puede empezar a haber una reacción, ya está empezando la reacción con las redes sociales, con esto de que los menores no pueden tener redes, acordate, esto va a escalar rápido. Me parece que las redes sociales van a ser el nuevo tabaco de este año, como fue en el ’90. Son cambios sociales.

«La cultura es la esencia de nuestro país»

-El cine en la Argentina está pasando un momento bastante complicado.

-Yo firmé el pedido que se hizo, porque creo que lo que se está haciendo es un error. Lo que estoy notando es que primero se manijea que la cultura es un gasto, segundo que es un gasto inútil, tercero que se tiran como latiguillos que nos ponen en contra de la cultura, “los artistas son todos K”, un montón de cosas que hacen como para enemistar a la gente con eso, y no nos damos cuenta que la esencia de nuestro país es la cultura. Cuando uno está afuera, y yo estoy afuera mucho, lo que extraño es la cultura, no extraño otra cosa, no extraño las callecitas que están llenas de pozos, ni extraño la comida que se consigue en todo el mundo. Extraño la cultura, extraño la música, extraño a los actores, extraño nuestros chistes, extraño nuestro humor, extraño nuestros libros.

La cultura es lo que nos hace, absolutamente. Yo no digo por supuesto que no haya que limpiar las cosas que están mal, como en todos los aspectos de la Argentina la corrupción entró también en la cultura, pero una cosa es limpiar eso y otra cosa es tirar al bebé con el agua de la bañadera, como se dice acá. Todos los países están ayudando al cine, específicamente, y es por algo, no es porque son tontos, ni porque les sobra la plata. Dentro de Estados Unidos los estados individuales ayudan, y en Estados Unidos además existe también el Fondo Nacional de las Artes, el National Endowment for the Arts. Y en cultura sigue siendo imbatible.

En cultura sigue siendo imbatible, porque se la apoya, porque escuchamos la música de ahí, porque vemos sus programas; en todos los países se ven los programas del país y los de Estados Unidos, se escucha la música del propio país y la de Estados Unidos, y eso porque tienen un gran apoyo a su cultura. Y me parece que en la Argentina es un valor, un semental de cultura. Ponerse en contra de eso, en vez de facilitarlo, en vez de agrandarlo, en vez de desarrollarlo, me parece un pecado, me parece un error.

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