viernes, 10 abril, 2026
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Terapia hiperbárica: ¿promesa de bienestar o riesgo sin respaldo?

En los últimos años, cámaras que administran oxígeno a alta presión han pasado de las unidades hospitalarias a centros de bienestar exclusivos y hasta a domicilios particulares. Promocionada por figuras del deporte y gurús de la biohackers, esta terapia se vende como una solución para rejuvenecer, mejorar el rendimiento físico y mental, e incluso alargar la vida. No obstante, la comunidad médica observa con preocupación esta tendencia, subrayando la falta de estudios concluyentes y los peligros potenciales de su mal uso.

Un tratamiento médico reconvertido

La oxigenoterapia hiperbárica (OHB) es una herramienta médica establecida desde hace décadas. Su aplicación está rigurosamente protocolizada para tratar patologías como la enfermedad por descompresión en buzos, intoxicaciones por monóxido de carbono, heridas complejas que no cicatrizan y lesiones por radioterapia. El mecanismo consiste en saturar el plasma sanguíneo con oxígeno puro bajo presión, lo que favorece la regeneración de tejidos dañados y combate ciertas infecciones.

El salto al mundo del «wellness»

El cambio de contexto es radical. Grandes estrellas del deporte han mencionado su uso para una recuperación más rápida, mientras que influyentes en redes sociales la promocionan como una píldora mágica contra el envejecimiento. Esto ha impulsado la venta de cámaras portátiles y la apertura de clínicas privadas que ofrecen sesiones a un público ávido de nuevas experiencias de salud, muchas veces sin supervisión médica calificada.

La ciencia frente a las afirmaciones exageradas

Investigadores líderes en el campo son los primeros en poner freno al entusiasmo. El doctor Shai Efrati, del Centro Médico Shamir en Israel, cuyos estudios sobre los efectos de la OHB en marcadores celulares del envejecimiento son frecuentemente citados, ha sido categórico: sus hallazgos no deben extrapolarse para afirmar que la terapia aumenta la longevidad. «Jamás usaría esa palabra», ha declarado.

Los estudios que muestran posibles beneficios en cognición o condición física son preliminares, realizados con muestras pequeñas y bajo condiciones estrictas de presión, duración y pureza del oxígeno que difícilmente se replican en equipos comerciales. Kinjal Sethuraman, de la Universidad de Maryland, señala que muchas de las promesas de bienestar carecen de respaldo y que incluso siguiendo los protocolos de investigación, los resultados no están garantizados.

Riesgos y regulación laxa

El uso no médico conlleva peligros concretos. En 2025, dos incidentes mortales por incendio en cámaras hiperbáricas, incluido el de un niño, encendieron las alarmas sobre la seguridad en instalaciones no hospitalarias. Además, la regulación presenta un vacío: mientras los equipos para uso médico requieren aprobación de entidades como la FDA, aquellos comercializados para «bienestar» o «mejora del rendimiento» suelen escapar a estos controles.

Conclusión: precaución ante la moda

El consenso entre los especialistas es claro: la terapia hiperbárica es un valioso instrumento terapéutico para indicaciones médicas precisas, prescrito y administrado en un entorno clínico. Sin embargo, su transformación en un producto de consumo masivo para fines no probados representa un riesgo. Para el público general, el mensaje es de cautela: lo que se promociona como un atajo tecnológico hacia la juventud eterna puede ser, en el mejor de los casos, una inversión infundada y, en el peor, una amenaza para la salud.

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