Un grupo de vecinos del barrio Villa Azalais, en la capital cordobesa, ha tomado la drástica decisión de abandonar sus hogares. La causa: la imposibilidad de convivir con el «descontrol» que, aseguran, se apodera de la plaza Heraldo Bosio durante la noche. Según su relato, lo que era un lugar de encuentro familiar se ha transformado en un foco de conflictos que erosiona la calidad de vida.
Noches de insomnio y desesperación
«Aquí al frente vivía mi hijo con mis nietos, que no podían dormir por los ruidos constantes de música y motos con escapes libres», explicó Oscar Fioretti, uno de los residentes más afectados. Su testimonio refleja una realidad compartida por varias familias. El problema, según describen, no se limita al ruido. Afirman que en la zona hay una venta abierta de estupefacientes y un consumo visible, con jeringas y envoltorios dispersos en el suelo.
«Le venden las drogas como si fuera un caramelo más. La plaza está totalmente abandonada», agregó Fioretti en su denuncia. La situación se extiende desde la una hasta las ocho de la mañana, afectando especialmente a quienes deben madrugar para trabajar o estudiar. «Mis nietos no podían ir al colegio porque pasaban la noche en vela», precisó.
Un éxodo forzado tras décadas en el barrio
La consecuencia más tangible de este malestar es un éxodo silencioso. Un relevamiento indica que alrededor de diez viviendas están ofrecidas en el mercado, algunas desde hace más de un año. «La casa mía está en venta hace seis meses porque la verdad no se aguanta más», confirmó otro vecino, quien destacó que su esposa, docente, se despierta varias veces cada noche imposibilitada de conciliar el sueño.
El sentimiento es de frustración y desarraigo. «Yo lamentablemente me tengo que ir del barrio porque no aguanto más. Viví acá hace 30 años, no era la idea irme. Lamentablemente no se puede vivir más. Esto es tierra de nadie», expresó con pesar otro residente. La venta de las propiedades no responde, según enfatizan, a un deseo de mudanza, sino a una necesidad imperiosa de recuperar la paz.
Un llamado de auxilio a las autoridades
El reclamo central de los vecinos es claro: piden una intervención urgente de las autoridades para recuperar el espacio público y garantizar la seguridad. «Necesitamos que venga alguien y nos ayude. Acá tenemos gente que se ha muerto, gente enferma a la que le hace mal esto», reclamó Fioretti.
La plaza Heraldo Bosio, delimitada por las avenidas Capdevila y Alem, se ha convertido en el símbolo de un conflicto vecinal que trasciende lo anecdótico y apunta a problemáticas más profundas de convivencia y control del espacio urbano. Mientras esperan una respuesta, la cartelería de «Se Vende» sigue multiplicándose en las veredas del barrio, marcando el fin de una etapa para quienes alguna vez eligieron ese lugar para construir su hogar.
