La calificadora Fitch Ratings elevó la calificación de Argentina de CCC+ a B-, el segundo upgrade desde el acuerdo con el FMI en 2025, y advierte que el crecimiento del país depende de la evolución de los sectores energético y minero.
Fitch Ratings elevó la calificación de Argentina de CCC+ a B-, marcando el segundo upgrade desde el acuerdo con el FMI en 2025. La mejora deja al país a un escalón de la nota B alcanzada en 2016. El dato técnico más relevante es que el modelo cuantitativo propio (SRM) ya ubica a la Argentina en B+, dos niveles por encima del rating final. La brecha responde a ajustes cualitativos por historial macroeconómico inestable y bajo nivel de reservas internacionales.
El informe es explícito: el crecimiento argentino está “desigualmente distribuido” y se concentra en energía, minería y agro. Esto implica que el desempeño económico —y ahora también la calificación soberana— queda atado a la evolución de proyectos en esos sectores. En contraste, sectores intensivos en empleo como industria y construcción aparecen estancados.
Fitch estructura el upgrade en tres ejes con impacto directo en el modelo económico: la mejora fiscal, el superávit comercial impulsado por energía, y la acumulación de reservas. Este último punto es central: la energía explicó 7 de cada 10 dólares del superávit comercial en 2025. El informe menciona explícitamente al Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI) como vehículo para sostener la inversión extranjera. La lectura de Fitch es clara: si el pipeline del RIGI no se ejecuta, el crecimiento pierde tracción.
El informe pone foco en la acumulación de reservas como variable crítica. En paralelo, el cronograma de deuda externa exige pagos crecientes. El Gobierno apuesta a cubrir estos compromisos con un mix de financiamiento local, multilaterales y privatizaciones.
El upgrade soberano ya impacta en el sector corporativo. Empresas como Pampa Energía fueron mejoradas antes del movimiento soberano, anticipando un efecto en cadena. Fitch no lo desarrolla, pero el sector identifica un riesgo clave: la capacidad de transporte eléctrico. La falta de expansión en redes de alta tensión limita el potencial de nuevos proyectos.
El upgrade no es solo un reconocimiento: es un condicional implícito. La sostenibilidad del rating depende de que se mantenga la disciplina fiscal, se ejecuten las inversiones del RIGI y se acumulen reservas. En términos técnicos, el mensaje de Fitch es directo: el rating argentino ya está atado a la performance del complejo energético-minero.
