La escalada del conflicto en Medio Oriente disparó el precio del crudo, generando preocupación por sus efectos inflacionarios en Argentina, aunque el país podría beneficiarse del crecimiento de Vaca Muerta.
La profundización del conflicto en Medio Oriente volvió a encender las alarmas en los mercados internacionales. La tensión en el Estrecho de Ormuz, punto clave para el comercio mundial de petróleo, disparó el precio del crudo y reabrió el temor a una nueva crisis energética global con consecuencias inflacionarias para las principales economías, incluida Argentina.
El barril Brent cerró en US$104,58, mientras que el WTI alcanzó los US$98,35, luego de varias semanas de alta volatilidad producto de los enfrentamientos entre Estados Unidos, Israel e Irán y las amenazas sobre la circulación marítima en la región. El deterioro de la situación geopolítica generó una fuerte alteración sobre uno de los corredores energéticos más importantes del mundo.
Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), el flujo de petróleo a través del Estrecho de Ormuz sufrió la mayor interrupción de suministro registrada hasta ahora. Aunque oficialmente continúa vigente un alto el fuego parcial, los ataques cruzados, las advertencias iraníes y el retiro de aseguradoras marítimas provocaron que prácticamente ningún buque comercial utilice actualmente el paso marítimo.
La tensión no solo impacta sobre el petróleo. También afecta al mercado global de gas natural licuado (GNL), combustibles refinados y logística internacional. La suba del crudo volvió a instalar el temor a un nuevo shock inflacionario mundial. Analistas internacionales advierten que el encarecimiento de la energía podría obligar a la Reserva Federal de Estados Unidos a sostener políticas monetarias restrictivas durante más tiempo.
En paralelo, los costos del transporte, seguros marítimos y refinación continúan aumentando, mientras las reservas globales de petróleo y derivados muestran una caída acelerada. La AIE ya calificó la situación como una de las mayores crisis energéticas de la historia moderna en términos de barriles diarios afectados.
En medio de este escenario, Argentina aparece como uno de los potenciales beneficiados por el nuevo mapa energético global gracias al crecimiento de Vaca Muerta. Actualmente, la formación neuquina produce alrededor de 650.000 barriles diarios y proyecta superar el millón hacia 2030, apoyada en nuevas obras de infraestructura y expansión exportadora. Entre los proyectos clave se encuentra el oleoducto Vaca Muerta Sur, que conectará la cuenca con Punta Colorada para facilitar exportaciones a gran escala. La obra prevé comenzar a operar a fines de 2026.
Además, las exportaciones energéticas argentinas alcanzaron niveles récord durante el primer trimestre de 2026, con un superávit superior a los US$1.000 millones en marzo. El contexto internacional abre una paradoja para Argentina: mientras el país mejora su ingreso de divisas gracias al petróleo, también queda más expuesto a la volatilidad global de los combustibles. La eliminación de mecanismos de desacople interno dejó al mercado local más alineado con los precios internacionales.
Como consecuencia, las subas del petróleo ya comenzaron a trasladarse a los surtidores. En los últimos meses, los combustibles acumularon fuertes aumentos, impulsados tanto por el valor internacional del crudo como por impuestos y costos de importación de energía. A esto se suma otro problema estructural: pese al crecimiento de Vaca Muerta, Argentina continúa necesitando importar GNL durante el invierno, lo que podría derivar en mayores costos energéticos y nuevas presiones tarifarias.
Más allá del conflicto puntual con Irán, los analistas internacionales coinciden en que el trasfondo de la crisis es la disputa geopolítica entre Estados Unidos y China por el control de las cadenas energéticas y comerciales. China depende fuertemente del petróleo proveniente de Medio Oriente y mantiene vínculos estratégicos con Irán y Venezuela. Por eso, las negociaciones previstas entre Donald Trump y Xi Jinping aparecen como uno de los principales focos de atención para los mercados. El desenlace de esas conversaciones podría definir el futuro inmediato del comercio energético mundial y la evolución del precio del petróleo durante los próximos meses.
