La actividad económica nacional muestra un desempeño desigual, con sectores exportadores como el agro y la minería en expansión, mientras que la industria y el consumo interno permanecen rezagados, impactando en el empleo.
La economía argentina atraviesa una fase de marcada heterogeneidad sectorial, donde conviven dinámicas de crecimiento y estancamiento. Las actividades vinculadas al comercio exterior —como el agro, la minería y el petróleo— impulsan el nivel general, mientras que los sectores asociados al consumo interno continúan debilitados.
El dinamismo económico se sostiene principalmente en ramas exportadoras. El agro, la minería y la energía muestran tasas de expansión elevadas, acompañadas en menor medida por la intermediación financiera y algunos servicios. Este impulso permitió que el Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE) alcance niveles récord en los últimos meses, aunque con una particularidad: los sectores que lideran el crecimiento tienen baja capacidad de generación de empleo.
En contraste, la industria, el comercio y la construcción presentan señales de estancamiento. Estas actividades, más vinculadas al consumo interno y al empleo urbano, siguen afectadas por la debilidad del poder adquisitivo y la falta de crédito.
El impacto se refleja también en el mercado laboral. La desocupación subió a 7,5% a fines de 2025, con fuerte incidencia de la construcción, que concentra casi uno de cada cinco desempleados. También aportan el comercio, el servicio doméstico y la industria manufacturera.
Los analistas coinciden en que la recuperación de los sectores rezagados dependerá de dos variables clave: el salario real y el acceso al crédito. Durante 2024 y principios de 2025, el financiamiento funcionó como motor del consumo, pero ese impulso se agotó. La desaceleración de la inflación eliminó el efecto de licuación de deudas, mientras que las tasas reales elevadas encarecieron el crédito y frenaron la demanda. Además, el aumento de la morosidad —que en el caso de las familias se multiplicó en el último año— refuerza las restricciones sobre el financiamiento.
Uno de los rasgos más relevantes del actual escenario es que los sectores que crecen no logran traccionar el empleo en la misma medida. Esto genera una recuperación económica con efectos acotados en los indicadores sociales. Mientras los sectores «ganadores» se mantienen por encima de los niveles previos al cambio de gobierno, los «perdedores» continúan rezagados y sin señales claras de recuperación sostenida.
Las proyecciones privadas coinciden en que el crecimiento económico continuará, pero con una dinámica desigual. Los motores seguirán siendo el agro, la energía, la minería y las finanzas, mientras que no aparecen, por ahora, factores que impulsen con fuerza a la industria y al consumo. En este contexto, la economía podría sostener una expansión moderada, pero con una estructura fragmentada: sectores altamente competitivos y orientados a exportaciones por un lado, y actividades dependientes del mercado interno aún en recuperación por el otro.
