martes, 7 abril, 2026
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El proyecto CAREM reduce su jerarquía dentro de la CNEA y genera inquietud por su estado

La Comisión Nacional de Energía Atómica reorganiza su estructura, relegando la gerencia del reactor CAREM. Mientras el proyecto se desacelera, crece la preocupación por el deterioro de sus instalaciones en el complejo Atucha.

La Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) avanza en una reestructuración interna que implica la desjerarquización del proyecto CAREM. El cambio en el organigrama reducirá el rango de la gerencia a cargo, que dejará de ser un área para depender de otra unidad. Esta medida apunta a priorizar recursos en otros desarrollos, como el reactor multipropósito RA-10, y conlleva una menor capacidad de ejecución presupuestaria para el CAREM.

El CAREM, un reactor modular pequeño (SMR) de 32 MW de diseño nacional, registra un avance físico cercano al 63%. Sin embargo, la obra civil, que era la parte más avanzada, quedó prácticamente detenida desde comienzos de 2025. Las actividades actuales se limitan al mantenimiento básico de instalaciones, equipos y estructuras.

La principal inquietud actual es el deterioro de la infraestructura. Según fuentes del sector, la preservación es mínima debido a la falta de presupuesto y a una reducción del personal técnico, que pasó de unas 30 personas a solo 7. Esta situación limita la capacidad de inspección y mantenimiento. Se han reportado problemas como filtraciones en el edificio del reactor, que se inunda en días de lluvia y requiere intervenciones manuales para evitar daños mayores, acelerando la depreciación de los activos.

El freno en la obra impacta directamente en la posibilidad de finalizar el prototipo. Además de las restricciones presupuestarias, el proyecto enfrenta desafíos técnicos complejos derivados de su diseño innovador, que incorpora múltiples novedades simultáneas.

Desde la Secretaría de Asuntos Nucleares se señaló que el proyecto avanzó con una lógica que priorizó la ambición tecnológica sin una planificación plenamente consolidada. Uno de los cuestionamientos apunta a que se avanzó en obra civil antes de cerrar completamente la ingeniería del reactor, lo que generó rigideces y mayores costos.

El foco oficial está ahora en finalizar el RA-10, considerado prioritario por sus aplicaciones en medicina nuclear e investigación. En este marco, el CAREM queda relegado a un rol más acotado, vinculado al desarrollo de capacidades tecnológicas y capital humano. La posibilidad de escalar el diseño hacia versiones comerciales de mayor potencia ha perdido viabilidad en los últimos años, reconociéndose incluso dentro del sector que el reactor no sería competitivo a nivel internacional.

Paralelamente al freno del proyecto, se registra una salida de profesionales especializados, lo que debilita el entramado técnico construido durante décadas. Este proceso plantea un desafío más amplio para el sistema nuclear argentino: sostener capacidades estratégicas en un contexto de restricción presupuestaria.

En síntesis, el CAREM atraviesa una etapa crítica. Mientras el Estado redefine prioridades, el proyecto queda en pausa y enfrenta el riesgo de que el deterioro material y la pérdida de recursos humanos condicionen su viabilidad futura.

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