El Coeficiente de Gini registró una leve baja en el cuarto trimestre de 2025, aunque la distancia entre los ingresos del 10% más rico y el 10% más pobre se mantiene en 13 veces. La informalidad laboral y la desigualdad de género continúan como factores clave.
El Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC) publicó su informe sobre distribución del ingreso correspondiente al cuarto trimestre de 2025. El dato principal es una leve mejora del Coeficiente de Gini, que pasó de 0,430 a 0,427, indicando una reducción marginal de la desigualdad en Argentina.
Sin embargo, la brecha entre los extremos de la pirámide social se mantiene sin cambios. El 10% de la población con mayores ingresos percibe, en promedio, 13 veces más que el 10% con menores ingresos, una relación idéntica a la del mismo período de 2024.
El análisis por estratos refleja una marcada segmentación económica. El ingreso promedio individual se ubicó en $1.011.863, mientras que el ingreso per cápita promedio fue de $635.996. La mediana, de $450.000, evidencia la concentración de los ingresos en los niveles superiores.
Brecha laboral y de género
Uno de los factores más relevantes es la brecha entre trabajadores formales e informales. Los empleados registrados percibieron en promedio $1.321.353, mientras que los informales $651.484, prácticamente la mitad. Esta diferencia subraya al mercado laboral como un canal clave de reproducción de la desigualdad.
El informe también confirma una desigualdad de género significativa. Los varones tuvieron ingresos promedio de $1.191.364, frente a $838.336 de las mujeres, lo que representa una brecha del 29,6% en la ocupación principal.
Composición de los ingresos y carga familiar
La dependencia de los ingresos varía fuertemente según el estrato social. Mientras el 79,2% de los recursos totales de los hogares proviene del trabajo, en el decil más bajo el 67,7% depende de transferencias como subsidios o jubilaciones. En el decil más alto, ese porcentaje es solo del 12,3%.
La relación entre población ocupada y no ocupada también muestra disparidades. En promedio, hay 122 personas no ocupadas cada 100 ocupadas, pero en el decil más bajo esa cifra se eleva a 284, implicando una carga mucho mayor sobre los ingresos familiares disponibles.
En conclusión, si bien los indicadores muestran una leve mejora, el panorama general sigue marcado por una desigualdad persistente. Los especialistas señalan que el desafío pasa por atacar factores estructurales como la informalidad, la baja productividad y la segmentación del mercado laboral.
