La pesca del langostino en aguas nacionales fue habilitada, pero solo once buques iniciaron actividades. El sector enfrenta un escenario de incertidumbre debido a la falta de acuerdo en las negociaciones salariales entre las cámaras empresarias y el gremio marítimo.
La temporada de langostino en aguas nacionales quedó formalmente habilitada, aunque su comienzo se caracteriza por una operatividad muy reducida. Solo once barcos zarparon para pescar, en un contexto marcado por la incertidumbre y la parálisis de una parte significativa de la flota. La autorización del Consejo Federal Pesquero, emitida el miércoles, habilitó el sector norte, pero la actividad real fue mínima: nueve buques de Conarpesa, uno de Pescargen y el Marlene del Carmen son, por el momento, los únicos en operar.
El principal obstáculo para la normalización de la actividad es el conflicto entre las cámaras empresarias (CAPECA, CAPIP y CEPA) y el Sindicato de Obreros Marítimos Unidos (SOMU). Las negociaciones salariales continúan sin un acuerdo definitivo. Si bien el gremio aceptó una reducción del 22% en los valores de producción, mantiene su reclamo de incrementar el porcentaje del tipo de cambio aplicado, del 78% actual al 90%. Este punto es considerado clave para la rentabilidad del sector.
La situación actual revive el recuerdo de la temporada pasada, marcada por conflictos gremiales, demoras y una actividad muy por debajo de su potencial, lo que generó pérdidas económicas, menor volumen de exportaciones y afectó a toda la cadena pesquera, desde los tripulantes hasta las plantas en tierra. La falta de previsibilidad también impactó en la posición argentina en los mercados internacionales.
Las partes involucradas tienen previsto reunirse nuevamente este viernes en una instancia que podría ser clave. La negociación coincide con la feria de Barcelona y con el vencimiento inminente del mandato gremial, lo que reduce el margen para alcanzar un consenso. Además, existe un frente interno dentro del SOMU, donde un sector opositor impulsa la idea de salir a pescar «bajo protesta», una alternativa que genera resistencia en las empresas.
El inicio con apenas once barcos ha generado preocupación en el sector. El langostino es uno de los principales productos de exportación pesquera de Argentina, y cada día de demora implica menos divisas, menor empleo y reducción de la actividad industrial. La logística portuaria y las plantas procesadoras también dependen de un flujo constante de materia prima.
La temporada comienza así condicionada por la incertidumbre. Si no se logra un acuerdo en los próximos días, el sector pesquero corre el riesgo de perder semanas clave de actividad, en un rubro donde los tiempos biológicos y comerciales son determinantes.
