La desaceleración de los precios perdió velocidad en los primeros meses del año, llevando a consultoras a ajustar sus estimaciones anuales al alza. Factores como tarifas, alimentos y el contexto internacional explican la persistencia inflacionaria.
La inflación mostró una rigidez significativa durante los primeros meses del año, lo que ha motivado a las principales consultoras económicas a revisar al alza sus proyecciones para 2026. Esta pausa en la desaceleración responde a una combinación de factores internos y externos.
El Índice de Precios al Consumidor se ubicó en torno al 3% mensual en marzo, impulsado principalmente por los precios regulados y los alimentos. Los ajustes en tarifas de servicios públicos y combustibles, sumados al comportamiento alcista de productos como la carne, han contribuido a esta dinámica.
El contexto internacional también ejerce presión. El conflicto en Medio Oriente ha impactado en el precio del petróleo, un efecto que no se limita a las estaciones de servicio, sino que se traslada a toda la cadena productiva a través de costos logísticos, de transporte e industriales. Insumos derivados, como los plásticos para envases, también se han encarecido.
Más allá de estos factores puntuales, los analistas señalan que la inercia inflacionaria, particularmente en el rubro servicios, constituye el principal obstáculo para una baja sostenida. Este componente mantiene un «piso» que explica por qué la inflación núcleo se sostiene cerca del 3% mensual.
Como resultado, las estimaciones para 2026 han sido corregidas significativamente. Proyecciones que a comienzos de año rondaban el 20% anual ahora se ajustan hacia niveles cercanos o superiores al 30%, según la evolución de variables clave como el petróleo, las tarifas y los alimentos.
Para el corto plazo, se espera que la inflación se mantenga por encima del 2,5% mensual, con posibilidad de moderación si se estabilizan los precios internacionales. No obstante, el escenario sigue condicionado por factores externos y por la dinámica interna de recomposición de precios relativos, lo que sugiere un proceso de desinflación más lento de lo inicialmente previsto.
